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jueves, 15 de enero de 2026

Cuevas de la “Pará” Rojo

El hábitat troglodítico ha constituido a través del tiempo un importante recurso como vivienda y refugio en Huércal de Almería, si bien reducido, como es lógico, a los espacios en que el terreno favorecía las excavaciones, como son los cerros arcillosos. Las cuevas podían ser excavadas por manos expertas, si bien, también era frecuente la autoconstrucción, al menos parcial, ya que estos barrios estaban, normalmente, destinados a la población menos pudiente e, incluso, relativamente marginal del núcleo. Si no se disponía de recursos, lo que era muy frecuente, primero se excavaba una habitación paralela a la fachada en uno de cuyos lados se colocaba el “rincón” y en el otro el dormitorio. Después, progresivamente, según la disponibilidad de tiempo y las necesidades, se iban abriendo nuevas habitaciones. 

La duración de los trabajos variaba, lógicamente, según la dureza de los materiales, el tamaño final y el número de trabajadores. En este sentido y como término medio, si era de encargo, una cueva de tres estancias se excavaba, aproximadamente, en un mes, por el maestro y uno o dos peones, los cuales podían ser los mismos propietarios. Lo primero era cortar verticalmente la pared natural para conformar la fachada, si bien las situaciones de extrema pobreza impedían dedicar esfuerzo a nada superfluo y esta operación se reducía a configurar el entorno de la puerta. Tras excavar el acceso, se iban excavando estancias progresivamente, dejando los correspondientes umbrales arqueados apoyados sobre gruesas paredes sin excavar, entre las habitaciones, para garantizar la solidez del conjunto. Si se disponía de espacio lateral (lo que no era frecuente en el entorno urbano) la cueva crecía, normalmente, tan sólo dos grupos de estancias en profundidad, para, después, extenderse hacia los lados, lo que favorecía la existencia de un ambiente mucho más higiénico, apareciendo, entonces, ventanas laterales. Si no era así, la cueva crecía hacia el interior del cerro, adquiriendo gran profundidad. 

Los techos eran, lógicamente, los puntos donde la mano del maestro tenía que actuar con mayor criterio, aplicándose distintos tipos de bóveda: medio cañón, rebajada, media naranja, o arista, según las dimensiones y configuración del espacio, el tipo de material, o la costumbre del picador. Por último, en los laterales de las paredes se excavaban alacenas y huecos que actuaban como vasares, perforándose igualmente la chimenea. La tierra extraída servía para hacer o extender el espacio horizontal frontal o ampliar el camino de acceso, aunque si se trataba de conglomerado, los cantos podían ser utilizados para empedrar y la arena, mezclada con cal, para hacer mortero. 

En cualquier caso, a pesar de la sencillez y los posibles inconvenientes, la estabilidad térmica que ofrecen las cuevas (en torno a los 20ºC) difícilmente puede ser mejorada por las casas, incluso de familias adineradas.


Fuente: patrimonio.ayuntamientohuercaldealmeria.com

Fotos: Patrimonio Almeriense


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