viernes, 11 de enero de 2019

Mausoleo Romano

El mausoleo romano altoimperial de tipo turriforme de aedícula abierta, cerrado por bóveda de arista, innovación patente en la época de Adriano, habría que fecharlo en la segunda mitad del siglo II.
A lo largo de su historia el edificio ha sufrido diferentes intervenciones que han supuesto la modificación de sus fachadas sur y oeste, quedando prácticamente completa la correspondiente a su lado oeste, que solo presenta una pequeña reforma en su parte lateral izquierda baja y la del lado norte, que fue perforada para la realización de una puerta. Tras los estudios arqueológicos llevados a cabo en el mausoleo, se deducen dos momentos cronológicos más antiguos. El primero se desarrolla durante el siglo II de nuestra era y se corresponde con el de la construcción y utilización del mausoleo. A partir de ese momento se abandona la construcción, para a partir de la segunda mitad del siglo III, iniciar una ligera recuperación de la actividad. En el siglo IV se aprecia una reutilización doméstica del espacio y su abandono hay que fecharlo en el siglo V.
En el período musulmán el mausoleo se vio transformado en torre-fuerte con un carácter defensivo. Posteriormente, y tras la conquista, el edificio fue convertido en ermita. El edificio responde a la denominación de mausoleo turriforme, compuesto por basamento, prisma y remate posiblemente piramidal. El material empleado para su construcción varía de un muro a otro como consecuencia de las diferentes épocas en las que fue edificado.

Parte lateral del Mausoleo.
De la época romana se conservan muros de mampostería y mortero, mientras que de época musulmana quedan restos de tapial y mampuesto.Su planta es un cuadrado de 4,80 por 4,80 metros que se eleva sobre una plataforma rectangular de mampostería y mortero de 6,35 por 5,10 metros. El prisma cuadrado desplazado hacia el norte de la plataforma queda formado por muros de 0,65 metros de espesor que delimita un espacio interior de 3,50 por 3,50 metros. En el cuadro interior se inscribe la cripta funeraria que corresponde a una fosa rectangular. Está cubierta por una bóveda de medio cañón, realizada con hiladas de piedras, más o menos planas, unidas por mortero. Por encima del cierre de la bóveda se realizó el piso de la cámara ritual, en la que aparece un banco corrido que se adosa a la pared norte. El resultado es un monumento funerario de dos pisos. En el interior se realizó una cripta, que una vez cerrada quedó sin acceso, pues sólo existe la citada fosa rectangular destinada al difunto y la pequeña bóveda por encima que la cubre. El piso superior era accesible desde la puerta de entrada, en él queda el banco corrido que se utilizaría para el culto o ritual periódico. Esta cámara queda cubierta con una bóveda de aristas. La iluminación y ventilación se resolvieron mediante dos óculos, uno de sección troncocónica, situada en la pared este, de 0,90 centímetros de diámetro interior por 0,70 de exterior, el otro de sección cilíndrica, situado en la pared oeste, de menor tamaño. En los arranques y en desarrollo de los arcos de la bóveda es posible distinguir algunos restos de la ornamentación pintada que existió en el mausoleo. En el exterior, el alzado norte es el mejor conservado. El alzado sur, es el más transformado. Es muy posible, que por encima de la cubierta, existiera otro elemento de cierre, probablemente piramidal.

Entrada al Mausoleo.
En 1846, Madoz describía tres ermitas en el entorno de Abla y apuntaba que una de ellas respondía "a un mausoleo romano que aún conservaba una pirámide de piedra de veinte varas de altura" (Madoz, 1846). Pero a pesar de esta referencia el edificio quedó olvidado y algunas citas recientes lo mencionan como una Torre-Fortaleza, realizada antes del siglo XIII y destinada a la defensa de la población (Ortíz Ocaña, 1982). Sin embargo, Gil Albarracín (1983) tras un minucioso estudio de los restos, llegó a conclusiones evidentes sobre su pertenencia al mundo romano, así como al destino de su función sepulcral. Pero la falta de elementos y datos más sólidos que los meramente visibles le conducen a lógicas imprecisiones, que sólo la intervención arqueológica ha podido solventar, replanteándonos su funcionalidad tanto de los elementos conservados como de los vanos, situando en su justo lugar la cámara funeraria y reorientando los datos aportados. Asimismo, el material arqueológico y las estructuras constructivas del exterior facilitan una visión clara del proceso de reciclaje de algunos restos, y nos definen los momentos de actividad del entorno.
Este edificio funerario responde genéricamente a la denominación de mausoleo turriforme caracterizado fundamentalmente por la verticalidad y considerable desarrollo en altura en relación con la superficie de la base (Sanmartí, 1984). Se trata de una versión tradicional, puesto que está compuesto por basamento, prisma y remate. En España estos modelos tuvieron gran aceptación, pero a juzgar por los restos conservados no alcanzaron gran monumentalidad, salvo una excepción como la torre de los Escipiones (Cid, 1949). Geográficamente, abarcan la totalidad de la costa Mediterránea hasta la Atlántica, extendiéndose desde la provincia de Gerona hasta Cádiz, y fechados entre finales del Siglo I y Siglo III, la mayoría se puede situar en la banda cronológica del Siglo II.
Sobre la base de dos de los grupos propuesto por Sanmartí (1984) (édicula sobre podium y turriforme), unificados posteriormente por Abad y Bendala (1985) gracias a la tipología elaborada por Kovacsovic (1983), podríamos considerar el mausoleo de Abla como un monumento turriforme de édicula abierta. Esta característica lo contrapone decididamente al grupo de los mausoleos europeos, cerrados y aislados del ambiente exterior, y lo relaciona con prototipos africanos que en su mayor parte, presentan una cámara accesible desde el exterior (Abad y Bendala, 1985). Dadas sus características morfológicas, así como la presencia de una bóveda de arista, innovación técnica que se hace patente en la época de Adriano (García Bellido, 1979), habría que pensar en la segunda mitad del Siglo II como momento de su construcción, entrando de lleno en la línea de las realizaciones que Kavacsovic considera como característicamente tardorepublicanas, y que en Occidente alcazan los años finales del Siglo II de nuestra Era.
La documentación arqueológica, por su parte, confirma la actividad en el entorno del mausoleo en el Siglo II y nos aporta interesantes datos sobre la reutilización del espacio y de los materiales antiguos, ya en pleno Siglo IV. Por último, habría que señalar la ausencia de enterramientos en el área excavada, si bien como se ha apuntado, la estructura C pudiera corresponder a parte del alzado Sur y Oeste de otro mausoleo.

Entrada al Mausoleo.



Ubicación

Fotos: David Téllez

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