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domingo, 14 de junio de 2020

Nicolás Salmerón Alonso


Nicolás Salmerón Alonso (Alhama la Seca, 10 de abril de 1838 - Pau, 20 de septiembre de 1908), fue un político, abogado y filósofo español, presidente del Poder Ejecutivo de la Primera República durante mes y medio en 1873.

Renunció al cargo alegando problemas de conciencia ante la firma de unas condenas a muerte. Fue catedrático de Historia Universal en la Universidad de Oviedo y de Metafísica en la Universidad de Madrid, así como estudioso de las teorías de Krause —krausismo— que inspiraron a la Institución Libre de Enseñanza.

Infancia y formación

Nacido en la localidad almeriense de Alhama la Seca, hijo del médico del pueblo, Francisco Salmerón López, y de Rosalía Alonso García. Su padre era conocido por la convicción de sus ideas liberales (que lo llevarían a colaborar en el intento de pronunciamiento liberal de Almería, conocido como «Los Coloraos»). Bautizado como Nicolás María del Carmen, siempre se quejaría de su infancia falto del cariño materno, pues su madre murió muy joven y su crianza pasó a mano de sus rígidas hermanas. Su esposa, Catalina, intentará darle el cariño que no recibió en su infancia. Su hermano mayor, Francisco nacido en 1822, también liberal, fue diputado por Almería en las Constituyentes de 1854 y ministro de Ultramar. Salmerón comenzó los estudios de bachillerato en Almería en 1846, donde obtuvo el título de bachiller en Bellas Artes. Con posterioridad cursó los estudios de Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, en la que trabó amistad de por vida con Francisco Giner de los Ríos y Julián Sanz del Río.




Inicios intelectuales y políticos

En 1859 fue nombrado profesor auxiliar de filosofía del Instituto San Isidro de Madrid, y en 1860, también como auxiliar, obtuvo plaza en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid. En 1864, tras obtener el doctorado, ganó la cátedra de Historia Universal en la Universidad de Oviedo, aunque jamás ocupó la plaza. Permaneció en la Central de Madrid hasta que, por fin, en 1866, obtuvo la cátedra de Metafísica en la misma. Desde bien joven conoció el krausismo que le influyó decisivamente en su vida posterior, hasta que evolucionó hacia el positivismo. Afiliado al Partido Democrático, publicó diversos artículos políticos en los diarios La Discusión y La Democracia, siendo detenido durante el reinado de Isabel II por sus ideas políticas junto a Pi y Margall, entre otros, el 12 de junio de 1867, permaneciendo cinco meses preso en la cárcel del Saladero. Con la Revolución de 1868 se trasladó a Madrid, donde fue repuesto en la cátedra de la que había sido separado a principios de año y participó en las juntas revolucionarias. En 1869 se presentó a diputado por la provincia de Almería pero fue derrotado. En 1871 fue elegido diputado a las Cortes Generales por la provincia de Badajoz. Partidario del republicanismo, fue defensor de un modelo unitario frente a la tesis federalistas y un activo luchador en el Sexenio Democrático. Su conocida posición en defensa de la extensión de la democracia lo llevaría a defender en 1871 la legalidad, dentro de la Constitución de 1869, de la Primera Internacional y el derecho de los obreros a asociarse libremente.




En el Gobierno de la República


Con la llegada de la República, fue ministro de Gracia y Justicia del gabinete de Estanislao Figueras y el 13 de junio elegido presidente de las Cortes Generales.
Tras la dimisión de Pi y Margall, las Cortes Constituyentes lo nombraron presidente del Poder Ejecutivo con 193 votos contra 93 de Pi y Margall, el 18 de julio de 1873.
La situación a la que se enfrentaba era especialmente crítica, lo que le llevó a rescatar de la reserva a diversos militares, como los generales Arsenio Martínez Campos (reconocido monárquico) y Manuel Pavía (de tendencia radical). Los cantones de Sevilla, Valencia y Cádiz cayeron en manos gubernamentales y, aunque las tropas cantonalistas de Cartagena se hicieron con un triunfo al tomar Orihuela, pronto fueron vencidos en Chinchilla y replegaron su avance. El 7 de septiembre de ese mismo año, Salmerón presentaba la dimisión alegando su negativa a firmar las condenas a muerte de unos militares que habían sido juzgados por colaborar con los cantonalistas. Algunos historiadores especulan con que su dimisión se debió a un conflicto interno en el seno de su partido, pues uno de sus miembros, Eduardo Palanca, se oponía por motivos personales a que el ejército tomara por asalto el cantón de Málaga, un asalto que el general Pavía no quería posponer más. Ante la disyuntiva de enfrentarse a Palanca o a Pavía, el presidente habría optado por dimitir.
Dos días después de abandonar su puesto fue elegido presidente del Congreso de los Diputados. Los enfrentamientos con su sucesor, Emilio Castelar, coadyuvaron involuntariamente al golpe de Estado de Pavía que, con el de Martínez-Campos el 29 de diciembre de 1874, daría lugar al fin de la primera experiencia republicana.


Exilio y vuelta a la docencia


En 1874 regresó a su cátedra de Metafísica, pero con la Restauración borbónica se le privará de la plaza el 17 de julio de 1875 en un amplio proceso de depuración universitaria. Aunque trató de mantener un despacho de abogados en Madrid, la situación lo obligó al exilio en París, donde junto a Manuel Ruiz Zorrilla fundó el Partido Republicano Progresista. No volvió a España hasta 1885, tras la amnistía de Práxedes Mateo Sagasta de 1881, y pudo recuperar su cátedra. En el 1889 fue el abogado de la defensa en el proceso del crimen de la calle Fuencarral de Madrid. Fue de nuevo diputado en 1886 y después ininterrumpidamente desde 1893 hasta 1907. En este tiempo mantuvo una clara vocación política republicana y en palabras de Claudio Sánchez Albornoz se convertirá en "la sombra de la República que un día habrá de llegar". Su incesante actividad lo lleva a fundar el periódico La Justicia, a integrarse en el partido Unión Republicana (antes había sido elegido por el Partido Democrático) y a modificar sus primeras convicciones unitarias por un apoyo al catalanismo moderado, ingresando en Solidaridad Catalana.



Perfil personal

De salud precaria, aprovechaba sus vacaciones para recibir las aguas termales. Por ello, hizo construir en su pueblo natal una magnífica villa donde residir mientras tomaba los baños en el balneario de San Nicolás de Alhama, a cuya Comisión de Baños pertenecía. Nunca perdió su vínculo con Alhama, participando en sus tradiciones y velando por su futuro.
Falleció en la ciudad francesa de Pau el 20 de septiembre de 1908, mientras se encontraba de vacaciones. En 1915 se trasladaron sus restos al monumento funerario levantado en el cementerio civil de Madrid, a la derecha del mausoleo de Francisco Pi y Margall, su predecesor en la presidencia de la Primera República Española. En su epitafio aparece una glosa realizada por Georges Clemenceau y se recuerda que «dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte».







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