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viernes, 12 de diciembre de 2025

Monumento Conmemorativo a Don Antonio Alcayna Guirao

 Antonio Alcayna Guirao


Antonio Alcayna Guirao (1755-1826) fue un sacerdote y político español que ejerció como diputado en las Cortes de Cádiz entre 1810 y 1813.

Nacido en María, Almería, estudió en el Seminario de Orihuela, donde se doctoró en teología. Fue ordenado presbítero en 1779 y posteriormente ocupó varios cargos eclesiásticos, incluyendo párroco de Vícar y Roquetas de Mar, y coadjutor de Cuevas de Vera durante más de dos décadas. Era conocido por su estudio, piedad y dedicación a sus feligreses.

En 1810, durante la invasión francesa de España, Alcayna Guirao fue designado diputado a las Cortes de Cádiz, la asamblea nacional que elaboró la Constitución española de 1812. Durante su tiempo como parlamentario, se alineó con las facciones tradicionalistas, abogando por la defensa de la Corona y la religión.

Tras concluir la Guerra de la Independencia Española, fue nombrado prebendado (Chantre) de la Catedral de Orihuela en 1815, cargo que ocupó hasta su muerte en 1826. En su testamento dejó varias donaciones caritativas a las parroquias locales.

Hoy se recuerda su legado como figura destacada en la historia de Almería y participante clave en los momentos fundacionales de la historia constitucional de la España moderna, y el Ayuntamiento de Vícar le ha rendido homenaje.






Fotos: Patrimonio Almeriense
Fuente: Web

lunes, 24 de noviembre de 2025

Casa de Don Valeriano Baeza Navarro

 Don Valeriano Baeza Navarro fue un médico almeriense que desarrolló su vida profesional durante la primera mitad del siglo XX. Nacido en 1896, estudió Medicina en Salamanca, y con el tiempo se convirtió en el médico titular del municipio de Felix, un pequeño pueblo donde la figura del médico era, más que una profesión, un servicio esencial para la comunidad.



Aparece registrado en el Colegio de Médicos desde 1905, lo que muestra que ejerció durante décadas, en una época en la que la medicina rural exigía vocación, sacrificio y una gran cercanía con los vecinos. En 1945 incluso participó como candidato en las Juntas comarcales del Colegio de Médicos de Almería, señal de su implicación en la vida profesional y social de la provincia.


Su nombre aparece también en documentos y periódicos antiguos, lo que indica que formó parte de la vida pública de su entorno. Falleció el 5 de noviembre de 1953, dejando tras de sí la huella discreta pero valiosa de quienes dedicaron su vida al cuidado de los demás.


Fuente: Web

Fotos: Patrimonio Almeriense

viernes, 30 de mayo de 2025

José María Artero García

 José María Artero García, licenciado en Ciencias Naturales y catedrático español, docente en la Escuela de Magisterio y en Instituto de Secundaria “Nicolás Salmerón”, nacido en Almería (Andalucía, España) en 1921 y fallecido en 1991.

Biografía

Estudió Peritaje Agrícola en Madrid, donde conoció a los escritores José Hierro e Ignacio Aldecoa, formando parte en los años 1950 del Cuerpo de Peritos Agrícolas del Estado, Jefatura Agronómica.​ Sería el primer delegado en Almería del Colegio de Peritos Agrícolas de Andalucía Meridional con sede en Granada. Cofundador de la Agrupación Fotográfica Almeriense (AFAL) en 1950, junto con Carlos Pérez Siquier y Jesús Aguirre entre otros, elegido su presidente en 1955, y director de la revista Afal (1956-1963).

Como lector constante logró reunir una biblioteca de 8000 volúmenes. En 1974 crea la Editorial Cajal que se dedicaría a la publicación de obras relacionadas con Almería, con la serie denominada Biblioteca de Autores Almerienses, a la que dedica esfuerzo a pesar de no ser un negocio rentable. En 1975 crearía la Feria del Libro con idea que continuara en años sucesivos. Fue uno de los fundadores, y el primer presidente del Ateneo de Almería, entre 1974 y 1978. Es también miembro fundador del periódico La Crónica (1981) o la revista Andarax, Artes y Letras (1978-82), de la que fue animador y redactor jefe. Es el primer representante almeriense en la Asociación de Editores Andaluces.

Candidato al Senado por Unión de Centro Democrático (UCD) en las elecciones parciales celebradas el 27 de noviembre de 1980, no resultó elegido; obtuvo 27 486 votos.

Socio del Club de Mar, formó parte de su primera junta directiva presidida por Jesús Durbán Remón y ratificada el 21 de julio de 1949.

En los años 1980 sufre una grave enfermedad que lo acompañará ya hasta su muerte, pero no abandona sus actividades culturales, que continúa promocionando y organizando hasta su fallecimiento en 1991. Está considerado uno de los mayores impulsores de la cultura almeriense.

Obras

“Nuestro planeta 4” Experiencias: 4.º EGB, con otro, Ed. Everest.

“La vida en nuestro planeta. Zoología I. Historia natural básica”. Ed. Everest, Lérida, 1971 (1.ª ed.), 1977 (2.ª ed.), 189 págs.

“La vida en nuestro planeta. Botánica. Historia natural básica”. Ed. Everest, Lérida, 1974, 170 págs., ISBN 84-241-5603-X

“La vida en nuestro planeta. Geología: historia natural básica”. Ed. Everest, Lérida, 1975, 191 págs., ISBN 84-241-5604-8 (publicado después como “Introducción al mundo de lo inerte”. 6.ª ed., 1982

“Ciencias de la naturaleza: 7º E.G.B.”, con José Antonio Fidalgo Sánchez. Editorial Everest, 1976, ISBN 84-241-6762-7

“Viaje por el tiempo de Almería”. Editorial Cajal, Almería, 1976, ISBN 84-85219-07-4

“Ciencias naturales: 3º BUP”. Ed. Everest, 1977, ISBN 84-241-7528-X

“Introducción al estudio del hombre”, con Teo Puebla. Ed. Everest, 1985, ISBN 84-241-5605-6

“Pescadores y navegantes”. Ed. Cajal, Serie B.T.A., 26, Almería, 1987.

Premios y reconocimientos

Premio Bayyana (1977) por su actividad literaria y cultural

Libro de Oro de la Asociación de Editores de Andalucía

Placa de plata de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (1977)

Premio a la popularidad de La Voz de Almería (1987)

IX premio de periodismo de la Casa de Almería en Barcelona (1988)

Premio Popularísimos de la COPE (Almería, 1990)

Legado

El nombre de José María Artero García aún perdura en las calles de Almería, dando su nombre a la Biblioteca Central inaugurada en 2019, en la capital de la provincia homónima, nombre elegido en 2018, mediante una votación se llevó a cabo a través de una encuesta popular en la aplicación Almería Participa, que ganó por mayoría absoluta con un 54 % de los votos. Sin embargo, esta decisión no está exenta de polémica.

Fuente: Wikipedia

Fotos: David Téllez

miércoles, 12 de febrero de 2025

Antonio José Navarro López

(Lubrín, 1739 - Baza, 1797). Eclesiástico ilustrado.

      Nacido en el seno de una familia acomodada, hijo de Antonio Navarro (Zurgena) y Josefa López (Lubrín). Dedicado desde pequeño al conocimiento y la investigación de su entorno geográfico, realizó sus estudios secundarios en una institución religiosa de la ciudad de Murcia, obteniendo el título de bachiller en Artes y Sagradas Escrituras. La carrera la realizaría entre Alcalá de Henares, donde comienza a abrir los ojos a la razón y el intelecto, y Orihuela, en cuya Universidad Pontificia se licenció y doctoró (XI-1761) con el título de maestro en Sagrada Teología.

      Su vida será un vertiginoso ir y venir por las tierras del Sureste. El mismo año de su titulación consiguió el empleo de catedrático de Teología Moral de Vera y su vicaría, aprovechando para viajar a Lubrín y descubrir importantes yacimientos de amianto. Dos años más tarde recibiría las órdenes sacerdotales, ganando por oposición su primer beneficio en la parroquial de Olula del Río (1763-66). Por concurso-oposición accede al beneficio de la parroquial de La Encarnación de la populosa localidad de Vélez Rubio, curato de último ascenso de los más rentables del obispado, que llevaba anexo la tenencia de la vicaría de los Vélez. Gracias a sus conocimientos teológicos, fue nombrado, además, examinador sinodal del obispado almeriense. Hacia 1773 ocupaba similar cargo en el vecino obispado Guadix-Baza. Por entonces, su fama como orador aventajado le granjeó cierto predicamento en círculos provincianos (Granada, Murcia, Cartagena, Orihuela...) y en la misma Corte.

      La década de residencia en Vélez Rubio (1766-1777) fue clave para su formación, coincidió con la construcción del templo de la Encarnación y su fastuosa inauguración, de la que Navarro redactó una completa y brillante memoria (reeditada por Revista Velezana en 1982), copió documentos en mal estado del archivo parroquial, recorrió sus campos en busca de minerales, formó una importante colección de antigüedades, plantas y piedras; escribió memorias; digiere las doctrinas de un escogido elenco de escritores europeos y traduce la obra del naturalista francés Conde de Buffon, su primer maestro; redacta las ordenanzas de la Junta de la Caridad e impulsa el nuevo Hospital Real velezano; experimenta e investiga escrupulosamente las tierras comarcanas y las del Almanzora; siente una especial atracción hacia las ruinas romanas de El Villar (Chirivel); a menudo, es consultado por científicos y colegas de muchas partes del país... y, especialmente, aún saca tiempo para crear la primera Sociedad Económica de Amigos del País del Reino de Granada, en Vera (1775). El rey Carlos III y los sucesivos secretarios de Estado le agradecerán estos incansables servicios en pro de la causa pública.

      En 1777, en dura oposición con clérigos de gran talla, opta a la canonjía lectoral de la Iglesia Colegial de Baza, una abadía dentro del pequeño y pobre obispado de Guadix. Aquí residirá el resto de su vida y se desarrollará su imparable carrera eclesiástica, al calor de la monarquía que, por el derecho de presentación del Real Patronato, pudo colocar a placer a fieles peones del pensamiento ilustrado en los cabildos eclesiásticos. Antes de 1785 ejercía, además, de comisario y calificador del Santo Oficio en el partido de Baza, siendo, además, prior y arcipreste de esta Iglesia. Tras nueve años como simple canónigo, por fin accedería, ahora por designación real, a una importante prebenda: la de tesorero, cargo que disfrutaba cuando redactó sus Viajes. Finalmente ocuparía la dignidad de Abad, también por deseo regio, entre 1790-97.

      En 1777 consigue la Canonjía Lectoral de la Colegiata de Baza y, desde aquí, prosigue sus ajetreadas investigaciones de campo y sus relaciones con importantes figuras de la Ilustración, como D. Pedro Franco Dávila, director del Real Gabinete de Historia Natural, a donde remitirá varios cargamentos de producciones naturalistas y arqueológicas del Sureste, entre los que destacan los mármoles de los Vélez y los amiantos de Lubrín.

      También en Baza erige de la nada otra Sociedad Económica de Amigos del País, con el fin de revitalizar la declinante actividad económica de la ciudad y de su extenso Partido. Al poco, Navarro es elegido por Floridablanca para desempeñar la Dirección de los Caminos de Levante (1781-1792), logrando modernizar la llamada red de carreteras de Levante, la que, naciendo al poniente de Baza, encuentra su lógico final en las inmediaciones de Lorca. Tenemos constancia, igualmente, de la dirección del canal de la Comisión, en Vélez Rubio, que permitió poner en riego una extensa zona de vega. Además, el conde de Floridablanca (primer ministro de Carlos III y cuñado del magistrado Antonio Robles Vives, entrañable amigo de Navarro), recurrirá en varias ocasiones a la personalidad y sabiduría del canónigo bastetano para poner en práctica sus planes reformistas; así, le encarga la redacción de una Historia Natural de los Reinos de Granada y Murcia, en varios volúmenes, que entregará en 1792.

      Imbuido de conceptos como “felicidad pública”, “utilidad social”, “buen gusto”, “reformismo”, dedicará su vida a ponerlos en ejecución sobre la piel de una tierra que agoniza entre ignorancias y rutinas multiseculares. Navarro trabaja y se dedica a una franja de terreno muy concreta, la que él llamaba «mi país»: «desde la costa de Vera hasta el puerto de Águilas, seguirá por Lorca, Vélez, Huéscar, Baza, Almería y, siguiendo la costa por el Cabo de Gata, vendrá a concluir en Mojácar». Fiel a esta premisa, todos sus escritos sobre Historia Natural, Economía Política, Arqueología, Viajes Científicos, etc, irán destinados a este lejano y, para él, entrañable rincón peninsular.

      En 1790 es ascendido por Carlos IV a la dignidad de abad mitrado de la abadía de Baza. Poco después, también será galardonado con los títulos de socio del Instituto de París y correspondiente de la Real Academia de la Historia, incluso se barajaba su nombre en la corte para ocupar la vacante surgida en los obispados de Almería y Barcelona, pero la muerte se le presenta de pronto y arrasa sus 57 años de vida.

      Gran parte de su voluminosa obra inédita saldría en almoneda pública; otra importante porción fue robada; sólo una pequeña muestra pudo ser rescatada por su sobrina, la docta velezana Dª Juana Martínez Serna, y por el canónigo y amigo bastetano D. Francisco Zenteno. El resto de las valiosísimas colecciones de Historia Natural, Antigüedades y Numismática, la estupenda biblioteca y sus numerosos manuscritos y abundantes dibujos se perdieron para la investigación y el estudio. Peor aún, parte de la obra original fue después acaparada, ocultada y dada a conocer como propia (plagiada) por algunos «eruditos a la violeta».

      Aunque, lamentablemente, sus escritos y colecciones de naturaleza se disgregaron o fueron utilizados fraudulentamente por otros, su memoria perduró varios años, baste un ejemplo: cuando en 1806 el célebre Simón de Rojas Clemente viaja hasta el Reino de Granada y visita los Vélez, pregunta por él, utiliza sus informaciones y ensalza su figura intelectual. Después... el olvido más absoluto. Durante muchos años, el nombre de Antonio José Navarro fue borrado de la faz de los archivos. La memoria de un hombre que trabajó hasta la extenuación por elevar la cultura de toda una región y por alcanzar la felicidad pública para el Sureste comenzó a ser rescatada a finales del s. XX: en 1982, con la divulgación de su conocida “Memoria de las célebres fiestas realizadas con motivo de la inauguración del templo de Vélez Rubio” (1769); en 1997, con la edición de una magnífica biografía a cargo de Antonio Guillén Gómez; y, finalmente, en 2005, con la colocación de una placa en su memoria en la antesacristía del templo velezano.

Lentisco Puche
José Domingo

Guillén Gómez, Antonio (1997).
Lentisco Puche, José Domingo (1982).
Castillo Fernández, Javier (2000).


Manuel Manchón Carrasco

(Lubrín, Sin datos - Vélez Rubio, 1916). Maestro y poeta.


      En 1891, muy joven aún y con el título de bachiller y maestro, abrió un colegio particular de primera enseñanza y dio clases de repaso a jóvenes de la localidad. En 1904, maestro en Chirivel, aprobó unas oposiciones en Granada con el número 1. Al final de sus días, hacia 1916, tenía plaza de maestro en Águilas, donde residía, pero antes también había ejercido en su pueblo natal. Tuvo alguna tímida participación pública en el convulso panorama político de comienzos de siglo en Vélez Rubio. Elegido concejal (21-IX-1902) bajo la alcaldía de Alberto Sánchez Mata, ocupó el cargo de 4º de teniente de alcalde y, un año más tarde, el de contador del Ayuntamiento, hasta que es destituido por el nuevo alcalde, Juan Abadía (6-V-1904). Precisamente, por su condición de liberal-lasernista y colaborador del diario almeriense El Regional (1902), hubo de mantener alguna disputa con La Defensa, el semanario conservador de Vélez Rubio (1901-1905).

      Por lo que respecta a su obra, en 1903 se estrenó la comedia titulada Los dos girones, escrita con José Oliver Pérez; Apodos del pueblo de Vélez Rubio, copiada y completada más tarde (1931-33) por otro repentista local, Inocencio Caballero Navarro, dejando inédita la obra «Odiseas de los maestros de pueblo» (1911). Pero su interés a nivel literario reside, sobre todo, en sus composiciones poéticas de carácter festivo y humorístico. Miguel Guirao Gea decía de él: “No acontecía algo que levantara la crítica, el comentario o el regocijo del distrito sin que Manuel Manchón no escribiera un verso escogiendo su perfil divertido (...); un poeta muy ágil, pronto y expedito para captar un suceso risible y ofrecerlo en una composición sencilla y chispeante...”. Hemos podido catalogar decenas de composiciones publicadas en la prensa local: La Defensa (1902-1905), El Defensor de los Vélez (1904-06); El Ideal Velezano (1911-12); El Distrito (1915-21) y La Evolución (1917).


Lentisco Puche

José Domingo

Lentisco Puche, José Domingo (1999).


Fuente: iealmerienses.es

José Rubio Urrea

 (Lubrín, Almería, 1931 - Madrid, 2012). Actor.


José Rubio Urrea nació en Lubrín el 10 de septiembre de 1931 y falleció en Madrid el 15 de marzo de 2012. Era el menor de los tres hijos de un minero que al terminar la guerra emigró a Barcelona. En escasas ocasiones regresó a la localidad natal, la última para pregonar las fiestas patronales. Muy pronto dejó la escuela para trabajar en una fábrica textil y otra de productos químicos. Por esas fechas frecuentaba el Centro Católico de Hospitalet e intervino en la representación de El divino impaciente con otros aficionados. Trasladado a Madrid después de realizar el servicio militar, su entrada como recadero en una productora cinematográfica resultó providencial ya que conoció a Paco Rabal e ingresó por su mediación en la compañía del teatro Español y en la del Lope de Vega, con José Tamayo. Este le hizo debutar en 1962 en un papel secundario de Edipo; al que siguieron El diario de Ana Frank y El baile de los ladrones.  

Enseñar a un sinvergüenza, de Alfonso Paso (adaptada al cine en 1969, con Carmen Sevilla), fue su comedia más representada y la que le dio protagonismo en la escena española. Un caso singular: ¡17 temporadas! ininterrumpidas en cartel, con distintas parejas femeninas (de Ana Torray a María Rey), diez millones de espectadores y doce mil representaciones por toda España. Su carácter extrovertido, físico guaperas y un tanto “sinvergüenza” hicieron de él un atractivo galán. Al repertorio inicial de libretos desenfadados le siguió un radical cambio de registro y mayor intensidad dramática: Seis personajes en busca de autor, La Celestina, Muerte de un viajante, La vida es sueño, Las brujas de Salem, La caída de Orfeo, Medea, etcétera.

El cine liviano y comercial fue su segunda casa, como protagonista o actor de reparto. A las órdenes de Rafael Gil, Pedro Lazaga o Sáenz de Heredia los éxitos se sucedieron: Los Guardiamarinas, La casa de Troya, Qué hacemos con los hijos, Don Erre que Erre o Escala Hi-Fi… Y la Televisión el cuarto de estar, con presencia habitual en Estudio 1, La casa de los Martínez o Música de Estrellas. En 2008 recibió el premio “Ercilla” en reconocimiento a su larga trayectoria profesional.


Sevillano Miralles Antonio


Fuente: iealmerienses.es

Alberto Agüero Carrasco

  (Lubrín, 1913 - Lubrín, 1989). Médico.


      Hijo de Antonio Agüero Fernández y Rosa Carrasco Ortega, fue bautizado en dicha villa el 12 de septiembre de 1913. Cursó sus primeros estudios en el Colegio de los Hermanos de la Salle, de Cuevas del Almanzora y, por cierre de dicho centro, los terminó en el Colegio de Santo Domingo de Orihuela (Alicante), de la Compañía de Jesús. Se licenció en Medicina en la Universidad de Valencia, obteniendo las máximas calificaciones. Luego, contrajo matrimonio canónico en Lubrín (6-IX-1939) con Purificación Juan Giner, de nacionalidad uruguaya y, de dicho matrimonio, tuvo cuatro hijos: Antonio, Alberto, Eduardo y Guillermo. Profesional de la salud, fue prototipo de la medicina rural que se ejerció en la difícil España de mediados del siglo XX, teniendo que atender con escasos recursos a un extenso término municipal de Lubrín, que contaba, además del núcleo urbano, con unas veinte cortijadas dispersas. Desarrolló su profesión hasta su jubilación en Lubrín, primero con carácter provisional y luego como titular, que por oposición ganó, durante más de cuarenta años.

Muñoz Buendía

Antonio


Fuente: iealmerienses.es

jueves, 6 de febrero de 2025

Monolito Conmemorativo a Antonio José Navarro López

Antonio José Navarro López (Lubrín, 1739 - Baza, 1797). Eclesiástico ilustrado.

      Nacido en el seno de una familia acomodada, hijo de Antonio Navarro (Zurgena) y Josefa López (Lubrín). Dedicado desde pequeño al conocimiento y la investigación de su entorno geográfico, realizó sus estudios secundarios en una institución religiosa de la ciudad de Murcia, obteniendo el título de bachiller en Artes y Sagradas Escrituras. La carrera la realizaría entre Alcalá de Henares, donde comienza a abrir los ojos a la razón y el intelecto, y Orihuela, en cuya Universidad Pontificia se licenció y doctoró (XI-1761) con el título de maestro en Sagrada Teología.

      Su vida será un vertiginoso ir y venir por las tierras del Sureste. El mismo año de su titulación consiguió el empleo de catedrático de Teología Moral de Vera y su vicaría, aprovechando para viajar a Lubrín y descubrir importantes yacimientos de amianto. Dos años más tarde recibiría las órdenes sacerdotales, ganando por oposición su primer beneficio en la parroquial de Olula del Río (1763-66). Por concurso-oposición accede al beneficio de la parroquial de La Encarnación de la populosa localidad de Vélez Rubio, curato de último ascenso de los más rentables del obispado, que llevaba anexo la tenencia de la vicaría de los Vélez. Gracias a sus conocimientos teológicos, fue nombrado, además, examinador sinodal del obispado almeriense. Hacia 1773 ocupaba similar cargo en el vecino obispado Guadix-Baza. Por entonces, su fama como orador aventajado le granjeó cierto predicamento en círculos provincianos (Granada, Murcia, Cartagena, Orihuela...) y en la misma Corte.

      La década de residencia en Vélez Rubio (1766-1777) fue clave para su formación, coincidió con la construcción del templo de la Encarnación y su fastuosa inauguración, de la que Navarro redactó una completa y brillante memoria (reeditada por Revista Velezana en 1982), copió documentos en mal estado del archivo parroquial, recorrió sus campos en busca de minerales, formó una importante colección de antigüedades, plantas y piedras; escribió memorias; digiere las doctrinas de un escogido elenco de escritores europeos y traduce la obra del naturalista francés Conde de Buffon, su primer maestro; redacta las ordenanzas de la Junta de la Caridad e impulsa el nuevo Hospital Real velezano; experimenta e investiga escrupulosamente las tierras comarcanas y las del Almanzora; siente una especial atracción hacia las ruinas romanas de El Villar (Chirivel); a menudo, es consultado por científicos y colegas de muchas partes del país... y, especialmente, aún saca tiempo para crear la primera Sociedad Económica de Amigos del País del Reino de Granada, en Vera (1775). El rey Carlos III y los sucesivos secretarios de Estado le agradecerán estos incansables servicios en pro de la causa pública.

      En 1777, en dura oposición con clérigos de gran talla, opta a la canonjía lectoral de la Iglesia Colegial de Baza, una abadía dentro del pequeño y pobre obispado de Guadix. Aquí residirá el resto de su vida y se desarrollará su imparable carrera eclesiástica, al calor de la monarquía que, por el derecho de presentación del Real Patronato, pudo colocar a placer a fieles peones del pensamiento ilustrado en los cabildos eclesiásticos. Antes de 1785 ejercía, además, de comisario y calificador del Santo Oficio en el partido de Baza, siendo, además, prior y arcipreste de esta Iglesia. Tras nueve años como simple canónigo, por fin accedería, ahora por designación real, a una importante prebenda: la de tesorero, cargo que disfrutaba cuando redactó sus Viajes. Finalmente ocuparía la dignidad de Abad, también por deseo regio, entre 1790-97.

      En 1777 consigue la Canonjía Lectoral de la Colegiata de Baza y, desde aquí, prosigue sus ajetreadas investigaciones de campo y sus relaciones con importantes figuras de la Ilustración, como D. Pedro Franco Dávila, director del Real Gabinete de Historia Natural, a donde remitirá varios cargamentos de producciones naturalistas y arqueológicas del Sureste, entre los que destacan los mármoles de los Vélez y los amiantos de Lubrín.

      También en Baza erige de la nada otra Sociedad Económica de Amigos del País, con el fin de revitalizar la declinante actividad económica de la ciudad y de su extenso Partido. Al poco, Navarro es elegido por Floridablanca para desempeñar la Dirección de los Caminos de Levante (1781-1792), logrando modernizar la llamada red de carreteras de Levante, la que, naciendo al poniente de Baza, encuentra su lógico final en las inmediaciones de Lorca. Tenemos constancia, igualmente, de la dirección del canal de la Comisión, en Vélez Rubio, que permitió poner en riego una extensa zona de vega. Además, el conde de Floridablanca (primer ministro de Carlos III y cuñado del magistrado Antonio Robles Vives, entrañable amigo de Navarro), recurrirá en varias ocasiones a la personalidad y sabiduría del canónigo bastetano para poner en práctica sus planes reformistas; así, le encarga la redacción de una Historia Natural de los Reinos de Granada y Murcia, en varios volúmenes, que entregará en 1792.

      Imbuido de conceptos como “felicidad pública”, “utilidad social”, “buen gusto”, “reformismo”, dedicará su vida a ponerlos en ejecución sobre la piel de una tierra que agoniza entre ignorancias y rutinas multiseculares. Navarro trabaja y se dedica a una franja de terreno muy concreta, la que él llamaba «mi país»: «desde la costa de Vera hasta el puerto de Águilas, seguirá por Lorca, Vélez, Huéscar, Baza, Almería y, siguiendo la costa por el Cabo de Gata, vendrá a concluir en Mojácar». Fiel a esta premisa, todos sus escritos sobre Historia Natural, Economía Política, Arqueología, Viajes Científicos, etc, irán destinados a este lejano y, para él, entrañable rincón peninsular.

      En 1790 es ascendido por Carlos IV a la dignidad de abad mitrado de la abadía de Baza. Poco después, también será galardonado con los títulos de socio del Instituto de París y correspondiente de la Real Academia de la Historia, incluso se barajaba su nombre en la corte para ocupar la vacante surgida en los obispados de Almería y Barcelona, pero la muerte se le presenta de pronto y arrasa sus 57 años de vida.

      Gran parte de su voluminosa obra inédita saldría en almoneda pública; otra importante porción fue robada; sólo una pequeña muestra pudo ser rescatada por su sobrina, la docta velezana Dª Juana Martínez Serna, y por el canónigo y amigo bastetano D. Francisco Zenteno. El resto de las valiosísimas colecciones de Historia Natural, Antigüedades y Numismática, la estupenda biblioteca y sus numerosos manuscritos y abundantes dibujos se perdieron para la investigación y el estudio. Peor aún, parte de la obra original fue después acaparada, ocultada y dada a conocer como propia (plagiada) por algunos «eruditos a la violeta».

      Aunque, lamentablemente, sus escritos y colecciones de naturaleza se disgregaron o fueron utilizados fraudulentamente por otros, su memoria perduró varios años, baste un ejemplo: cuando en 1806 el célebre Simón de Rojas Clemente viaja hasta el Reino de Granada y visita los Vélez, pregunta por él, utiliza sus informaciones y ensalza su figura intelectual. Después... el olvido más absoluto. Durante muchos años, el nombre de Antonio José Navarro fue borrado de la faz de los archivos. La memoria de un hombre que trabajó hasta la extenuación por elevar la cultura de toda una región y por alcanzar la felicidad pública para el Sureste comenzó a ser rescatada a finales del s. XX: en 1982, con la divulgación de su conocida “Memoria de las célebres fiestas realizadas con motivo de la inauguración del templo de Vélez Rubio” (1769); en 1997, con la edición de una magnífica biografía a cargo de Antonio Guillén Gómez; y, finalmente, en 2005, con la colocación de una placa en su memoria en la antesacristía del templo velezano.


Lentisco Puche

José Domingo


Fuente: Dipalme

Fotos: Patrimonio Almeriense

miércoles, 22 de enero de 2025

Antonio Cuadra Román

 Cuadra Román, Antonio (Alhabia, 1910 - Almería, 2003). Músico.

      Violinista, miembro de la Orquesta Clásica de Madrid e hijo de Francisco Cuadra y María Josefa Román. Sus padres emigraron a Barcelona y dejaron a su hijo recién nacido bajo la tutela de su tía Filomena Cuadra, esposa de Antonio María Gómez García, alumno de Nicolás Salmerón, licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense y propietario de tierras. Recibió las primeras enseñanzas de su tío, que sabía tocar la guitarra y el violín, actuando en público por primera vez a los cuatro años. A los doce años se examinó como alumno libre de los cursos de solfeo y los primeros de violín en el Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid. Poco después marchó para completar su formación musical con los profesores del Real Conservatorio de Madrid. En 1927, con 17 años, terminó su carrera superior de violín y ganó el premio de Primer Violín del Real Conservatorio de Madrid. Se incorporó, como violín primero y concertino, a la Orquesta Clásica de Madrid, dirigida en ese momento por el maestro Saco del Valle. Esta orquesta recorrió las principales ciudades del país con notable éxito.

      Simultaneaba los conciertos de la Orquesta Clásica con un gran número de actuaciones en los teatros de Madrid y, en 1935 se casó con Amalia Santaolalla, con quien tuvo dos hijas: Amalia y María del Mar. Al comenzar la Guerra Civil, la Orquesta Clásica se disolvió y Antonio Cuadra volvió a su tierra. Fue movilizado y estuvo destinado en las oficinas militares. En 1942 ganó por oposición una plaza de funcionario administrativo en la Delegación de Agricultura de Almería. Al crearse la Orquesta Sinfónica de Málaga, necesitada de buenos profesionales, contrató a Antonio Cuadra, que se desplazaba a esta ciudad o a otras andaluzas para actuar con tan prestigiosa orquesta, cada quince días. Simultaneó su trabajo en la Administración con una continua actividad musical. En 1950 fundó el Cuarteto de Cámara de Almería, que en 1950 se convirtió en quinteto con el maestro Rafael Barco.

Verdejo Lucas

José María


Fuente: iealmerienses.es

Darío Fernández Álvarez

 Fernández Álvarez, Darío (Santa Fe de Mondújar, 1939 - Almería, 2021). Abogado criminalista.

Darío Fernández Álvarez nació en 1939 en la localidad almeriense de Santa Fe de Mondújar, de madre almeriense y padre orensano, de los que nacieron otros dos hermanos. Su madre, maestra de escuela, los llevó a Asturias, a donde fue destinada, haciendo Darío el bachillerato en Luarca, recorriendo, andando, doce kilómetros diarios, desde la aldea de San Pelayo, donde no había ni luz eléctrica.

Sin que tengamos muchos datos sobre su infancia y juventud, sabemos que fue becario en el Instituto y en la Universidades de Oviedo y Granada, destacando muy joven en la abogacía, siempre orientada hacia el campo penal, su gran vocación y pasión, colegiándose muy joven, con el número 584, en el Colegio de Abogados de Almería, el 23 de febrero de 1962 a los 23 años, entre los colegiados Rafael Lao y José Sánchez Pelayo, siendo decano Rogelio Pérez Burgos.

El penalista, comprometido con la naturaleza, estudioso permanente y contestatario de lo establecido, amplió sus estudios en universidades portuguesas, alemanas e inglesas y fue un viajero impenitente por todo el mundo. Era un hombre con una cultura profunda, desafiante con los poderosos, decepcionado de la “politización de la justicia”, agnóstico y practicante de la defensa del medio ambiente y de la cultura anglosajona respecto al Derecho.

Darío Fernández Álvarez superó desafíos constantes a lo largo de su vida. Muchos compañeros y funcionarios se encontraban incómodos con él. No era una persona que pasara desapercibida: o se le admiraba o se le detestaba dependiendo del lugar en que uno se encontrase al cruzarse en su camino. Su brillante inteligencia, junto con un nivel de exigencia a prueba de bombas, le hizo vivir inmerso en una guerra constante consigo mismo y con el mundo que, de alguna manera plasmó en un libro, de no fácil lectura, de la mano de la editorial Arráez, publicado en el año 2000 y titulado; “La Justicia manchada en España. Reflexiones y vivencias de un abogado. Primera parte”, que no tuvo mucho recorrido en cuanto a difusión y no contó con la segunda anunciada para las estanterías.

Un día le comentó al periodista Antonio (Chacho) Torres que, en sus tiempos de estudiante en Granada, le encantaba el periodismo y convenció al padre de Francisco Giménez Alemán, exdirector de ABC y Telemadrid, para que no presionara al hijo para que estudiara medicina.

El letrado almeriense actuó como defensor en la última pena de muerte solicitada en España que tenía como protagonista a un hombre, Juan Antonio Vázquez Díaz, acusado de robar en una caja de ahorros en el Poniente almeriense. Salvó la vida del condenado y marcó un hito en la abogacía española que intentaba salir de la dictadura. En ese juicio, comenzó a tener reconocimiento fuera de las fronteras provinciales.

Darío Fernández fue clave en el año 1982 durante el juicio para conocer la verdad de lo ocurrido en torno a las muertes de Juan Mañas, Luis Cobos y Luis Montero, acaecidas el 10 de mayo de 1981 en el conocido como “Caso Almería”.

Fue el abogado que defendió a un mafioso buscado internacionalmente, Bardellino; y a familias gitanas en Martos cuando payos les incendiaron una treintena de viviendas. Otro caso que atrajo la atención fue ser uno de los primeros abogados en poner sobre la mesa los problemas de musulmanes en Ceuta y Melilla.

Estuvo en la cárcel por orden de la jueza de Órgiva (Granada), debido a otros asuntos, aunque el encierro duró pocas horas gracias a la reacción instantánea en contra de su encarcelamiento por parte del Colegio de Abogados y numerosos compañeros. Pagó un precio de envidias entre colegas provincianos que no soportaban sus éxitos y fue la pieza a batir por algunos jueces y fiscales.

Se separó de la abogacía española, decepcionado, al final de 1998, con 60 años y un notable patrimonio, dedicándose a viajar frecuentando centros europeos de pensamiento y proximidad a lo jurídico, aplicando los cinco idiomas que cultivaba, pasando sus últimos años centrado en el deporte (fue gran aficionado al ciclismo), y la naturaleza, pasando largas temporadas en Benecid, donde realizaba paseos y grandes caminatas. A su edad realmente se encontraba muy bien de salud antes de sufrir el ictus que acabó con su vida.

El abogado Darío Fernández Álvarez falleció el día 27 de julio de 2021 en el Hospital Torrecárdenas de Almería, a los 82 años, siendo despedido por su familia con una misa en el Tanatorio Almería, a la que asistieron una veintena de personas, entre ellas Antonio Mañas, hermano de una de las víctimas del “Caso Almería”. Sus cenizas se depositaron en el cementerio de Santa Fe de Mondújar, localidad donde descansan sus padres y a la que donó sus archivos.


Cantalejo Testa José Ramón

Fuente: iealmerienses.es

Manuel Siles Artés

 Siles Artés, Manuel (Santa Fe de Mondújar, 1921 - Madrid, 1984). Escritor.


      Estudió magisterio en la Escuela Normal de Almería y Filosofía y Letras (sección Pedagogía), en las universidades de Granada y Madrid. Inicia su vida de maestro en Villaricos (Cuevas de Almanzora), siendo nombrado presidente del consejo local de Primera Enseñanza (18-X- 1931), cargo que ocupó hasta el 30-11-1936. Finalizada la Guerra Civil, enseña en la Escuela de Orientación Marítima de Almería. Amigo del escritor y pintor José Andrés Díaz, da a conocer sus escritos en la Tertulia Indaliana. Escritor prolífico, llegó a redactar hasta setenta y cinco obras entre novelas, teatro, guiones de cine y ensayo. Sus novelas son de carácter realista, rayando el naturalismo, y sus personajes son representantes del carácter y las costumbres de los pueblos del Levante almeriense, especialmente. Su carácter retraído influyó notablemente en que su obra sea poco conocida. Libros publicados: Amor prohibido (1955), Tentación (1956), La bestia (1960), Clase piloto “A” (1986), El gran triunfo de Marcos Calderón (1988), Alitur (1990), El desierto (2002). Algunas de sus obras lograron llegar hasta la final en los premios Nadal (“El monstruo sagrado”, 1951; “Hombre 22”, 1962; “En la arena”, 1963; “Una línea que no se puede tocar”, 1964; “Crónicas de Tartesa”, 1981), los del Café Gijón (“Las manos limpias”, 1964) Sésamo (“El gran triunfo de Marcos Calderón”, 1963); Cáceres de novela (“El tiempo muerto”, 1979) y premio Guipúzcoa (1968) con “Poli”.

Castro Rodríguez

Concepción

 Fuente: iealmerienses.es

miércoles, 15 de enero de 2025

Ángel Ortiz de Villajos

 Ortiz de Villajos Cano, Ángel (Adra, 1898 - Guadarrama, Madrid, 1952). Músico.

      Músico-compositor. Formación musical temprana gracias a la decisiva preparación que recibió de su madre. Con 5 años compuso un vals sencillo y a los 7 dio su primer recital de violín. A los 18 años llega a Madrid con un compromiso fundamental: prepararse para el ingreso en la Escuela de Ingenieros de Caminos, siguiendo con ello una tradición familiar de arquitectos e ingenieros. Con su flamante título de bachiller y su violín bajo el brazo, se incorpora inmediatamente al mundo musical de Madrid: se matricula en el Conservatorio de Música para estudiar con los profesores Tomás Bretón (composición), Conrado del Campo (armonía) y Antonio Fernández (violín); actúa como violinista y da recitales en distintos salones de la alta sociedad madrileña, a los que tiene acceso y de los cuales se encuentran reseñas en los ecos de sociedad de algunos periódicos de la época.

      Hombre inquieto, dotado de una gran simpatía natural (la sal andaluza que le acompañó hasta el final de su vida), ingresó rápidamente, no en la Escuela de Caminos, sino en los círculos y tertulias artísticas que tanto abundaban en el Madrid de aquellos días. Se pone en contacto con poetas y letristas que, más adelante, iban a ser sus colaboradores literarios: Alfonso Jofre de Villegas, Álvaro Retana, Mariano Bolaños y otros.

      A. Retana, en su Historia de la canción española dice que, al estrenar Ángel Villajos en el teatro Olimpia, de la madrileña plaza de Lavapiés, una revista frívola, protagonizada por la estrella “Preciosilla” (Manolita Tejedor), renunciaba definitivamente a la ingeniería. La revista se titulaba La mansión de los dioses, y a ella se fue Villajos “buscando diosas que le cantaran sus producciones”. Alcanzó la revista 98 representaciones. En 1921 hizo oposiciones al cuerpo de Telégrafos, siendo destinado a Málaga, pero pronto lo trasladan a Madrid y allí abre academias para dar a conocer sus canciones. Ofreció numerosos recitales de violín y fue acompañado por el pianista Cubiles. La producción musical del maestro Villajos se realiza por dos caminos: canción andaluza o canción española y los cuplés y charlestones. Tras los éxitos de sus revistas se entregó definitivamente al mundo de la composición.

      En 1925 contrae matrimonio con una joven andaluza, Carmen Valero, y tiene 3 hijos: Carmen, Ángel y Pilar. En este año de su matrimonio es cuando le viene la fama y, a partir de aquí, se le conoce como el Maestro Villajos. En 1926 inicia sus colaboraciones en el nuevo arte cinematográfico y compone doce poemas musicales para la película Amapola, cuyo tema argumental tiene por escenario la ciudad de Granada: Las Cuevas del Sacromonte. La Cachucha. De este año es también el danzón Allá en la Habana. En 1927 compone pasodobles como Su majestad el mantón, además de los chotis titulados Castigador y Calle de Maipú. En 1928 Pastora Imperio estrenó el pasodoble Cuna cañí, uno de los éxitos mundiales de Villajos. Después lo cantaría Lola Flores e Isabel Pantoja en Yo soy ésa.

      En el mundo musical español Villajos fue uno de los introductores de los ritmos foráneos y frívolos del «charlestón», debido a la amistad que profesaba al médico Federico Utrera, persona afable y amante del baile, quien, habiendo viajado por América, dio a conocer a Villajos un nuevo ritmo de moda que causaba auténtica exaltación entre los jóvenes. En realidad, lo que el joven médico abderitano había evocado y transmitido a su amigo compositor eran los ritmos musicales y los movimientos del "charlestón" que estaban en boga por el continente americano. Villajos se inspiró en el testimonio de su amigo Utrera y compuso su primer charlestón: Lency. Lo estrenó con gran éxito en 1926.

      A partir de esta fecha Villajos compuso más de treinta charlestones entre los que figuran los títulos más populares: Madre cómprame un negro (1928), que hacía alusión a los negros que venían a España para enseñar a bailar el charlestón; Al Uruguay (1929), que se refiere a la llegada a España del Dr. Asuero, que curaba enfermedades tocando el nervio trigémino de la nariz; Ven con la cafetera (1929), charlestón que saca a relucir la moda de la tos poniéndola en solfa; Anda chinito (1930), con alusión a los chinos que se veían por Madrid; Yo quiero un auto (1932), en él se explota el tema del automóvil y se vuelve una referencia tópica con ambiente de niñas y niños de familia bien. Tanto españoles como extranjeros quedaron entusiasmados por aquellos ritmos afro-americanos.

      Los años treinta son la época de oro del compositor abderitano: triunfa con la canción andaluza y los pasodobles. En un auténtico renacimiento del género, Canta guitarra, pasodoble lleno de alegría y de elegancia, de sentimiento castizo español, se convirtió en uno de los mayores éxitos internacionales logrados en su carrera artística. Su popularidad hizo que incluso lo cantaran los soldados en el frente durante la Guerra Civil. La letra es de Mariano Bolaños y Alfonso Jofre de Villegas. Obtuvo un triunfo nacional e internacional con El niño de las monjas, sobre todo en Argentina, donde es ya una especie de himno popular. De este mismo año es Al son de mi pasodoble, otro éxito del compositor abderitano. Villajos acentúa el sentimiento de la canción andaluza y dota sus melodías de una ardorosa espiritualidad. En 1931 siguió componiendo, considerándole como el precursor de la canción andaluza. En 1934 conceden el Premio de Honor del Concurso de Canciones Regionales, celebrado en el Teatro Coliseo de Madrid, a su composición Amores lagarteranos. Villajos lo interpretó al piano y lo cantó su hija Carmen (7 años). A partir de esta fecha compuso varias obras: pasodobles, tangos, fox-trot, javas, el vals ¡Qué guapa estás María! (1940), Leyenda mora, la farruca Magnetismo, Fantasía onubense (para guitarra), el pasodoble Hechizo cordobés, Alma moruna.

      La característica esencial de su obra musical es el andalucismo, el sentimiento andaluz, que fundamenta la mayor parte de su éxito. Su música, de gran elegancia melódica, con ese sabor típico de Andalucía y su amor a la tierra que le vio nacer, ha traspasado las fronteras y sigue recibiendo el favor del público por una producción fecunda que constituye un patrimonio cultural de un pueblo y un país. En la S.G.A.E. se cuentan 1.133 obras suyas. Ángel Ortiz de Villajos perteneció a la Sociedad como consejero y, anteriormente, a la Sociedad de Autores de Variedades. También fue miembro del Círculo de Bellas Artes.

      En 1943 Estrellita Castro estrenó en el Teatro Calderón de Madrid su último gran éxito: La luna enamorá, canción andaluza por bulerías, llena de poesía. Esta canción la han cantado distintos artistas: Los Bocheros, Angelillo, que la estrenó en Argentina, Elsa Baeza y, actualmente, El Consorcio. Varias composiciones del Maestro Villajos han sido llevadas al cine: Charlestón; Niñas, al salón; Y después del cuplé; Santander, la ciudad en llamas; Las cuatro bodas de Marisol; Los nietos de D. Venancio; La luna enamorada...

      En 1947 Villajos fue destinado a la estación de telégrafos de Guadarrama como jefe de negociado de 1ª clase y, el mismo día que cumplía 54 años, moría. Sus restos descansan ya en la tierra que le vio nacer y que ha dado su nombre a una calle y una plaza de Adra, figurando su nombre también en una calle almeriense.


Brotons Bernal

Mª. Carmen

Fuente: iealmerienses


Juan Lirola Gómez

Juan Lirola Gómez (Adra, Almería, Andalucía) 1829 -Almería 1894), fue un político español que llegó a ser alcalde de Almería.

Juan Lirola es en gran parte artífice político del despegue económico y de infraestructuras que la ciudad de Almería vivió a finales del siglo XIX, al amparo del auge en la industria minera y de la exportación de la uva.

Vinculado desde siempre al cultivo de la uva de mesa, a principios de 1860 se instala en la capital almeriense y empieza a trabajar con la empresa Spencer y Roda, una de las más importantes de la época en la provincia, dedicada a la exportación de uva, esparto y mineral.

Miembro del Partido Liberal y amigo del también político almeriense Carlos Navarro Rodrigo, fue alcalde de Almería en tres ocasiones, entre 1881 y 1888. En su trabajo político destacó la renovación y ensanche burgués del centro urbano de la ciudad (obras entre las que cabe citar la apertura de nuevas calles o la ampliación del entonces Paseo del Príncipe desde la altura de la calle Lachambre hasta la Plaza Circular), la introducción de los acerados de Portland y la creación de las primeras redes de agua potable desde Alhadra, inexistentes aún en la ciudad.

Promovió también la feria y fiestas patronales (celebradas desde entonces durante la segunda quincena de agosto, en honor a la Virgen del Mar) y consiguió que el Ministerio de Fomento dispusiera la creación de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos.

Tuvo también un papel enormemente destacado en el fomento de las infraestructuras de transporte de la capital, participando en la comisión que defendió ante el Gobierno la construcción del ferrocarril Linares-Almería y como presidente en la junta de obras que remodeló el puerto comercial.

Por fin, fue fundador y primer presidente de la Cámara de Comercio de Almería, que comenzó a funcionar a finales de 1886.

Fuente: Wikipedia

José Fernández Campos

Fernández Campos, "Richoly", José (Adra, 1920 - Almería, 1995). Concertista y profesor de guitarra.

      Segundo de los hijos habidos en el matrimonio de Salvador y Gádor, pronto hubo de marchar con su familia a la vecina Berja, dónde su padre se hizo cargo de una carnicería. Éste estaba considerado como el mejor guitarrista y bandurrista de toda La Alpujarra y de él heredó su pasión por el instrumento de las seis cuerdas. Socialista militante, al producirse el alzamiento rebelde de 1936, el joven Richoly se incorporó a las filas de la República interviniendo, entre otros frentes, en la batalla del Ebro. Concluida la incivil guerra fue acusado de “rebelión militar” y condenado a muerte por un tribunal militar. Pena capital conmutada por la de cadena perpetua, sufriendo a cambio años de prisión en penales de Santander y Oviedo. De aquellas fechas se cuenta que adquirió una mayor formación musical debido a las enseñanzas de un sacerdote y del director de la cárcel de Santander.

      A su regreso a Almería, tras una breve estancia en su Adra natal, se incorporó a la Obra Sindical de Educación y Descanso gracias a los buenos oficios del “camarada” López Lupiáñez, responsable de sus cuadros artísticos y valedor providencial en tan difícil coyuntura personal. El Teatro Apolo le valió de domicilio antes de ingresar como funcionario en el negociado de Rentas y Urbanismo del Ayuntamiento de la capital.

      Desde el inicio de los cincuenta de la pasada centuria, Richoly desarrolló una positiva actividad al frente de los coros y danzas de Sección Femenina y de Educación y Descanso en funciones de director, primer guitarrista y arreglista de temas para ser bailados. De entonces son sus versiones del Fandanguillo de Almería, Si vas pa la mar, Farruca y Guajira (a Richoly pertenece la melodía del Fandanguillo de Gaspar Vivas que difunde el reloj del Ayuntamiento). Las giras por España y escenarios de América, Europa y África se suceden al tiempo que da lecciones de guitarra (sus alumnos se cuentan por cientos) en su academia-tienda de la calle Hernán Cortés, colegios y centros de enseñanza; creando a la par diversas rondallas de pulso y púa. O, a título de anécdota, iniciando en los secretos de la “sonanta” a actrices y actores (Brigitte Bardot, Ringo Starr, Sean Connery, Anthony Quinn o Yul Brinner) que acuden a rodar a Almería al calor de su esplendorosa industria cinematográfica.

      El espaldarazo social le vino de manos de Celia Viñas: en abril de 1951 la añorada profesora de Literatura presentó su primer concierto solista en la Biblioteca Pública Francisco Villaespesa, en el que interpretó obras de Sors, Albéniz, Granados y Tárrega. A éstos sumaría, en recitales siguientes, partituras de Bach, Monty o Schuman. En 1973 creó la Agrupación y Quinteto Manuel de Falla y, al año siguiente, -en unión de los hermanos Francisco Luis y Jesús Miranda- el Trío Richoly, una de sus iniciativas más gratificantes; posiblemente su época dorada tras los inicios flamencos más humildes. Con el Trío grabó dos LP de gran calidad: Primero (1982) y Música para tres guitarras (1986). Su última aportación discográfica sería dirigiendo (1989) el álbum Música Popular de Almería, editado por la Diputación Provincial.

      Una enfermedad neurodegenerativa minó su salud y le apartó de los diferentes frentes guitarrísticos en que se hallaba embarcado. Actividad en la cual honradez y generosidad fueron tan reconocidas como su liderazgo y maestría. La Federación Provincial de Peñas Flamencas le impuso su Medalla de Oro; la Diputación Provincial le nombró Almeriense del Año y el Ayuntamiento le rindió homenaje por partida triple: otorgándole el Escudo de Oro, rotulando una calle de la ciudad a su nombre y colocando (octubre de 2005) su busto en bronce en la plaza de la Administración Vieja.


Sevillano Miralles

Antonio


Fuente: Iealmerienses



José Tovar y Tovar

Tovar y Tovar, José (Adra, 1800 - Almería, 1858). Político.

      Político liberal. José Tovar y Tovar nació en Adra el 12 de junio de 1802. Posiblemente su bautismo castrense obedece a su ascendencia militar, descendiente de Luis de Tovar, capitán de la fortaleza de Adra que murió en la defensa de la villa durante el Asalto Turco de 1620. Su residencia en Adra la combina con largas temporadas en Alhabia, donde su tío José Antonio Tovar Fernández ejercía como cura y vicario. En esta ciudad contrajo matrimonio, el 6 de abril de 1822, con María de los Dolores García Alonso, de 29 años de edad, cuando José Tovar no había cumplido aún los 20 años.

      Su apuesta decidida por el liberalismo y por las sucesivas intentonas de restaurar la Constitución de 1812 marcaron su vida política y su postura social. La primera actividad política de este liberal doceañista se remonta a 1821, meses antes de su boda, en pleno Trienio Liberal. Ese año es elegido como uno de los electores de Almería para contribuir con su voto a la elección de diputados provinciales. En ese momento Tovar es un liberal moderado que participa representando a Almería en las elecciones de diputados a Cortes que se celebran en Granada el 2 de diciembre de 1821.

      Tras la victoria de los ejércitos absolutistas y la suspensión de la Constitución de 1812, José Tovar vive en 1824 en Alhabia siendo uno de los mayores propietarios. A pesar de su buena situación personal y familiar, decide jugarse su fortuna y su propia estabilidad participando de lleno en la primera intentona liberal contra el gobierno de Fernando VII, conocida como la “Insurrección de Los Coloraos”. Tovar contacta con los exiliados liberales que se habían refugiado en Gibraltar y prepara desde la Taha de Marchena una fuerza militar terrestre, de apoyo a una invasión por mar. El asalto a Almería fracasa por la escasa colaboración y, desde la ciudad, hace que la expedición se retire. En la huida la fuerza rebelde se divide. Los que optan por la retirada en barco son todos apresados y fusilados el 24 de agosto. El resto de la fuerza de tierra se dispersó, sufriendo una encarnizada persecución por parte de las fuerzas absolutistas. José Tovar se retira a Alhabia, su pueblo de residencia, junto con 90 seguidores. Sus amigos liberales ocultan la verdadera filiación política de Tovar y acuerdan que éste entre a trabajar como secretario del ayuntamiento de la localidad.

      Pero la tranquilidad dura hasta el final del verano, cuando se presenta el comandante Ballesteros en la comarca con una columna de 200 hombres, acompañado de otros 200 realistas de Alhama la Seca. Esta fuerza recorre todos los pueblos apresando a todos los que fuesen acusados por algún vecino, de haber tomado parte en la intentona liberal. La mayoría de los liberales escondidos o que disimulaban sus simpatías son hechos prisioneros. Tovar consigue escapar escondiéndose en el monte para vivir durante cuatro años acosado por las partidas absolutistas. En 1828, el extremismo absolutista se modera algo. Tovar decide aprovechar la coyuntura y se entrega buscando un juicio. Al final es absuelto, a cambio de pagar una gran suma de dinero por su libertad y por la de un total de 700 encausados, originándole casi la ruina económica. Además, Tovar quedaba inhabilitado de manera absoluta de poder obtener empleo alguno y de representar cargo político alguno.

      El golpe de suerte que Tovar necesita se produce con la muerte de Fernando VII, en septiembre de 1833, y la necesidad de apoyo liberal que tiene la regente, María Cristina. Esta situación será aprovechada por los liberales más exaltados, que tratan por todos los medios buscar el momento propicio para la vuelta a la Constitución de 1812 o de otra constitución que garantizase libertades similares. Durante el verano de 1835, las medidas restrictivas y dubitativas de la reina María Cristina desesperan a los liberales. Ello provoca que durante el mes de agosto de ese año se inicien en Andalucía una serie de pronunciamientos liberales que pretenden forzar al Gobierno a restablecer la Constitución de Cádiz como norma fundamental de convivencia. Con el apoyo de la Milicia Nacional se organiza en cada una de las provincias una Junta Gubernativa. Estas juntas acaban independizándose del poder central, deciden no reconocer el Estatuto Real y exigen la vuelta de la Constitución de 1812. En el caso de Almería, la Junta Gubernativa Provincial pretende aprovechar la coyuntura para completar el proceso de independencia de la provincia de Granada y lograr una autonomía plena. Esta Junta Provincial nombra, además, los dos representantes que asistirían a la reunión de la Junta Central de las Andalucías, formada por los representantes de cada una de las juntas provinciales. Fueron elegidos José Salamanca y José Tovar y Tovar, que en ese momento ocupaba el cargo de oficial primero del Gobierno Civil de Almería.

      La Junta Central puso en marcha un ejército de 16.000 hombres que se dirige a La Mancha para hacer frente al ejército del Gobierno de Madrid. No hubo enfrentamiento, ya que las fuerzas gubernativas se pasan al ejército de la Junta. Tras este éxito negociador aparente, la Junta Central se disuelve el 19 de octubre de 1835 en Andujar, siendo José Tovar uno de los miembros firmantes. Entre 1836 y 1837 la Constitución de Cádiz vuelve a estar vigente hasta la promulgación de una nueva constitución en 1837. Las elecciones a Cortes Constituyentes se celebran a primeros de octubre, resultando elegido como diputado José Tovar, como uno de los cinco representantes de la circunscripción de Almería. Tovar formó parte del Congreso en las Cortes Constituyentes de 1836, que dieron comienzo el 17 de octubre de ese año y finalizaron el 4 de noviembre de 1837, con la aprobación de la nueva constitución. La legislatura concluye el 4 de noviembre de 1837 y con ella el escaño de Tovar en el Congreso de los Diputados. A partir de este momento se abre un periodo de victorias de los liberales moderados sobre los progresistas, que se prolongará hasta mediados de 1840. Tovar participa en las elecciones de 1838 y 1839 en su condición de diputado provincial, sin conseguir escaño al congreso. El 11 de enero de 1840, José Tovar era diputado provincial y aceptó el cargo de primer teniente de alcalde del Ayuntamiento presidido por Ramón Algarra.

      El 2 de diciembre de 1840, una vez que las aguas de la política han vuelto a su cauce y la situación se ha tranquilizado, José Tovar se convierte en Jefe de la empresa de guardacostas y de la sal, en representación de su antiguo amigo y compañero de Junta Central de Andalucía, José Salamanca, tomando en arrendamiento las salinas y aduanas de la provincia. Salamanca había conseguido en 1839 el monopolio de la sal durante cinco años, cosa que le dio grandes beneficios. En 1841 se presenta a las elecciones, pero no obtiene los votos necesarios para ser nombrado senador, quedando en el quinto lugar de los más votados. En ese momento y a partir del 19 de febrero, José Tovar es alcalde 2º del Ayuntamiento almeriense, cesando en este puesto el 1 de enero de 1842. Durante su mandato realiza una exposición al Regente Espartero pidiendo una condecoración “a favor de los que concurrieron a la desgraciada empresa que en 1824 acometieron un corto número de valientes patriotas con el objeto de restaurar la libertad nacional, para cuyo efecto acompaña un modelo y que se le autorice para esculpir la cruz que propone en el frontispicio del mausoleo en que reposan las cenizas que los que perecieron víctimas de aquel arrojo, haciéndose extensiva dicha gracia a todos los que tomaron parte en el mencionado hecho y a los que le protegieron, con tal de que no hubiesen desmerecido por su conducta posterior”. En agosto Espartero accede a la petición del Ayuntamiento almeriense promovida por Tovar, concediendo una cruz de distinción para los que se hallan en los casos expresados, autorizando a la misma para esculpir aquella en el sitio que designa.

      El 27 de mayo de 1843 José Tovar concurre al Cabildo abierto como empleado. El 10 de octubre de ese año vuelve a ser diputado provincial llamado por Joaquín de Vilches y, el 22 de octubre, presenta un notable informe sobre la división de la provincia en distritos electorales. El abderitano permanecerá como diputado provincial hasta diciembre de 1843. Participa este verano en la defensa de Granada contra el asedio de las tropas del Regente General Espartero y al lado de las fuerzas sublevadas de los generales Prim, Serrano y Concha. Como subteniente de la Compañía de Granaderos del Batallón de la Milicia Nacional se pone al mando de una columna de voluntarios que sale desde Almería y logra poner fin al asedio de Espartero. La intervención de la Milicia Nacional al mando de Tovar hace que la provincia de Almería se gane el respeto y la admiración de la nación en la defensa de las libertades. En septiembre, el Gobierno concede a Almería el título de “Decidida por la Libertad”, por el auxilio de Tovar a las fuerzas que en Granada estaban situadas, por las tropas de Espartero. Esta popularidad momentánea le valdrá a Tovar ser llamado a la Diputación por Vílchez en el otoño de 1843. A comienzos de octubre Almería está gobernada por una Junta Provincial en la que participan Tovar, Llanos y Jover, entre otros, con el apoyo y control de la Milicia nacional. Pero el Gobierno provisional que ha vencido a Espartero envía tropas al mando de Diego de los Ríos, que desarman a la Milicia nacional y provoca la fuga de muchos de los miembros de la Junta Revolucionaria. Durante los años en los que se aplica en Almería el proceso de Desamortización de los Bienes Eclesiásticos, aprobada por el ministro Mendizábal como medida para hacer frente a la supresión de los diezmos, desde 1838 a 1849, encontramos a José Tovar como uno de los mayores compradores de fincas agrícolas afectadas por esta medida.

      El 1 de enero de 1852 José Tovar aparece como regidor del Ayuntamiento de Almería, como uno de los regidores antiguos. 1853 es un año muy importante para la familia Tovar García. Dolores Tovar García, hija de José Tovar y Dolores García, nacida en Alhabia en 1825, contrae matrimonio con Francisco Jover y Berruezo (1828-1878), alcalde de Almería y diputado de las Cortes Constituyentes de 1869. La boda se celebra en Alhabia el 20 de febrero de 1853. En 1854 Tovar es vocal de la Junta Revolucionaria Almeriense, de la que su hermano, el abogado de la Unión Liberal, Justo Tovar, era secretario. Las vidas de Espartero y Tovar vuelven a cruzarse. Entre 1854 y 1856 España es gobernada por la Unión Liberal durante el Bienio Progresista. Coincidiendo con esta nueva activación de la vida política de los liberales, la familia Tovar está representada en el Ayuntamiento de Adra por José Antonio Tovar Pérez. José Tovar Tovar falleció en 1858. Su hijo Juan de Tovar García fue juez de paz en 1856 y concejal del Ayuntamiento de Almería el 1 de enero de 1861.


López Romero

Antonio


Fuente: Iealmerienses


Rafael Sierra Valenzuela

 Sierra Valenzuela, Rafael (Adra, 1847 - Alija del Infantado, León, 1929). Político.

      Alto funcionario de la Administración. El hermano menor del poeta y escritor Enrique Sierra Valenzuela inició la carrera administrativa en julio de 1869 trabajando en el Gobierno Civil de Sevilla. Tras un breve paso por los de Palma de Mallorca y Almería en calidad de oficial, es nombrado en mayo de 1881 subgobernador de Marchena (Sevilla), pasando dos años más tarde a Murcia como secretario del Gobierno Civil. En ese puesto trabaja en La Coruña y Málaga. En 1888, cuando era interventor de Hacienda de Navarra, el ministro de Ultramar lo nombra gobernador civil de las provincias filipinas de Tayabas y Camarines del Sur, puestos que ocupó hasta febrero de 1891. En 1893 es nombrado gobernador civil de la provincia filipina de La Laguna, en el que cesa a finales de septiembre de ese año, debido a una grave enfermedad tropical. Tras tres años de residencia en Madrid como jefe de negociado del Ministerio de la Gobernación, es nombrado, a partir de 1900, sucesivamente, delegado especial de la Junta de Obras del Puerto de Sevilla, gobernador civil de Huesca, delegado de Hacienda en Ávila, Cuenca y Orense. Su carrera administrativa concluyó en 1911, tras haber sido nombrado en 1907 delegado del Gobierno en la Junta de Obras del puerto de Ceuta.

      Al margen de su vida profesional, Rafael Sierra Valenzuela estaba en posesión de la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia con distintivo negro y blanco, por haber salvado en diciembre de 1876 a tres personas de perecer por el derrumbe de una casa, en unas graves inundaciones que afectaron al barrio sevillano de Triana. Excelente fotógrafo “amateur”, como solía llamarse a sí mismo, realizó muchas instantáneas de personajes relevantes de la época como Práxedes Mateo Sagasta, líder del Partido Liberal y jefe de gobierno en la etapa de la Restauración.


López Romero

Antonio


Fuente: iealmerienses


Leopoldo Segado Aquino

 Segado Aquino, Leopoldo (Adra, 1860 - Adra, 1923). Músico e historiador.


      Músico e historiador. Miembro de una de las familias abderitanas más importantes, era hijo de Francisco Segado Medina (Adra, 1825-1909), alcalde constitucional de Adra en 1865 y 1891 y administrador del marqués de Caicedo y de la empresa azucarera “Castell e Hijos”, mientras que por línea materna era nieto de Francisco de Paula Aquino Amat, comerciante con negocios en la fabricación de plomos y diputado provincial por la circunscripción en 1838. Leopoldo Segado estudió en el Real Conservatorio de Valencia, donde también fue profesor de piano, y Cuenca Benet lo considera discípulo del afamado músico de origen catalán Óscar Camps y Soler, que durante su estancia en Adra fue director de la Banda Municipal y organista de la iglesia, y a quien sustituyó en esta última plaza tras su marcha a Manila, en mayo de 1879. Antes de cumplir su primer año en este puesto, se retiró por haberle tocado la suerte de soldado y no haberse redimido. En 1883 fue nombrado de nuevo organista de la iglesia y presentó un proyecto para la creación de una banda musical de 37 miembros. Escribió música religiosa para armonium, órgano y piano, y fue maestro de Matilde Cano Rodríguez (Adra, 1870-1836), madre del compositor abderitano Ángel Ortiz de Villajos.

      Alternó su faceta profesional con el estudio de la Arqueología y la Historia local, afición que compartió con su primo Ramón Blasco Segado. Corresponsal de la Real Diputación Arqueológica y Geográfica de Almería, en 1916 remitió a la Real Academia de la Historia información sobre diversas inscripciones abderitanas, alguna de las cuales halló en unas excavaciones que practicó en el Cerro de Montecristo en 1897. Un año después, envió una larga memoria sobre la historia antigua de Adra, a Fidel Fita (Arenys de Mar, 1835-Madrid, 1918), en el que aportaba nuevos datos sobre las inscripciones romanas y proponía al académico la publicación en el Boletín de la Real Academia de la Historia de su informe inédito titulado “Monumentos abderitanos”. Tampoco se llevaron a la imprenta una serie de manuscritos, conservados de forma incompleta en una colección particular abderitana, que recogen aspectos diversos de la historia local y comarcal desde la Antigüedad hasta el siglo XIX.


Sánchez Real

Javier


Cuenca Benet, Francisco (1927).

Rodríguez Segado, Víctor Eugenio (2006).

Gutiérrez Latorre, Francisco (1993).


Fuente: Dipalme


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