martes, 9 de julio de 2019

Altos de Reveque

El sitio arqueológico de Altos de Reveque se sitúa en las estribaciones meridionales de la Sierra de Gádor. Con una altitud máxima de 389,5 metros, goza de una visibilidad privilegiada al este, sur y suroeste, que alcanza sobre el mar casi todo el Golfo de Almería y buena parte de la costa del Poniente almeriense, desde el Cabo de Gata hasta las Albuferas de Adra. También domina visualmente el antiguo Campo de Dalías. Hacia el noreste, norte y oeste el yacimiento obtiene una visibilidad más limitada, dirigida hacia las alturas de la Sierra de Gádor. 



El asentamiento consiste en un recinto amurallado con un perímetro de 1057 metros y una superficie de 5,3 hectáreas. Emplea técnicas constructivas similares en toda su extensión y seguramente debió ser planificado y construido de una sola vez.

El interior del recinto está ocupado sólo parcialmente por pocos edificios exentos y distantes entre sí que no componen una aglomeración urbana, si bien parece haber una mayor concentración de edificios al sur, donde la superficie es más llana y permite la edificación con más facilidad. 

El amurallamiento de una gran extensión de terreno, superior a las 5 hectáreas responde posiblemente, a planteamientos tácticos y de defensa. Los objetivos serían los de no dejar sin protección ninguno de los dos altos o colinas paralelas cuya similar altitud, 389,5 m la occidental y 384 m la oriental podría dejar expuesta una fortificación de inferior extensión.


La muralla es continua salvo en dos tramos, uno en el ángulo noroeste del recinto, donde se sitúa un cortijo moderno en ruinas que empleó en su edificación piedras de la muralla destruyendo unos 35 metros de la misma, y otro tramo en el lado sur, precisamente donde el barranco o arroyo que separa las dos colinas se abre al vacío  

La muralla de Altos de Reveque es de una gran complejidad y en los lados norte, oeste y sur está construido mediante la técnica de doble paramento con compartimentos interiores, efectuados mediante muros perpendiculares dispuestos a intervalos regulares (casamatas). Los dos muros paralelos que componen la muralla presentan una anchura igual en todo el trazado: en torno a 1 metro el paramento exterior y sobre 0,50-0,52 metros el interior. 

La técnica constructiva empleada es la mampostería con bloques irregulares de piedra caliza de mediano tamaño. En general se conservan apenas unas pocas hiladas de alzado, aunque en algunos cortos tramos, como en el paño situado entre las torres 3 y 4, se aprecia la conservación de una mayor altura en alzado, hasta aproximadamente 1,40 metros. Dichos alzados permiten conocer cómo los exteriores de la muralla debieron estar bien careados y emplearon ripios para regularizar el aspecto final nivelando las hiladas. 

La mayor parte de los ángulos del recinto amurallado se concibieron para reforzar las defensas flanqueando los paños de muralla para actuar como grandes torres avanzadas o bastiones.
Hay tres bastiones, situados en el ángulo noreste, en el extremo norte, y en el ángulo suroccidental del recinto. Este último, es el más complejo de los tres, debido a que se encuentra en el área de más baja cota de la ladera oeste, la más vulnerable de la fortaleza.






En total se han identificado once torres. La nº 1 se sitúa en la muralla noreste, dentro del bastión 1 para proteger la parte superior de la ladera oriental del recinto. La torre nº 2 flanquea el largo lienzo de la muralla noroeste con el bastión nº 2, sobresale de la muralla en unos 5 metros. con unas dimensiones de unos 6.5 × 5.3 metros. Las torres nº 3, 4, 5 y 6 se emplazan en la muralla oeste, que cubre la ladera más accesible y vulnerable del recinto fortificado, distanciándose entre sí unos 14 metros. Después de la torre nº 6 no se observan indicios de otras torres que pudieron haber existido. Suelen adelantarse unos 4 o 5 metros de la línea de muralla con dimensiones variables en cada caso, que oscilan entre una superficie exterior de 7 × 5 metros en las más grandes, como la torre 5, hasta los 4 × 3 metros de la torre 3. La torre nº 10 flanquea el tramo de la muralla sur entre las torres 9 y 11.  Ésta cierra la muralla sur junto a la salida del arroyo por la muralla y cubre el vecino acceso 2, una galería excavada en la roca cuya salida se sitúa en la base de la muralla sur.

Por lo que respecta a la tipología de la muralla, las murallas de doble paramento con compartimentos interiores en la arquitectura militar fenicia y cartaginesa suelen ser denominadas murallas de casamatas o casernas, o murallas de cajones, dependiendo de la funcionalidad de dichos compartimentos. Las casamatas solían estar vacías y se empleaban como almacenes o estancias de habitación y los cajones estaban permanentemente rellenos de escombros, tierra prensada o arcilla a fin de dotar de solidez a la base de la muralla y resistir los embates de los arietes en caso de asedio. 


En la muralla de los Altos de Reveque los compartimentos interiores se disponen en las murallas norte, oeste y sur y su superficie varía en función de la separación de los muros exterior e interior de aquellas. Aunque en superficie no se han podido documentar todos los tirantes, parece claro que las tres murallas estuvieron originalmente compartimentadas en su completa extensión. Con la información recabada en superficie es difícil saber si los compartimentos interiores estuvieron rellenos de arcilla, pudiendo hablar entonces de una muralla de cajones; si por el contrario estaban vacíos y se destinaron al almacenamiento y la vivienda o si se alternaron ambas. 

Por lo que respecta a el área intramuros, los investigadores han podido reconocer once edificios o grupos de edificaciones. Salvo algunas construcciones que se sitúan próximas a la ladera oeste, los edificios se concentran en las áreas norte y sur del recinto amurallado, donde el terreno está más nivelado y permite una mayor amplitud para la edificación. En el área sur del recinto se concentran dos áreas de habitaciones con plantas más complejas que en el área norte.

En cuanto a los materiales localizados en superficie, corresponden fundamentalmente a fragmentos de ánforas, platos, cuencos, fuentes y algunas cerámicas de cocina. Los fragmentos cerámicos presentan bordes de fractura limpios y no se observan materiales rodados. Espacialmente se concentran en las áreas amuralladas, sobre todo en la ladera oeste, así como en el área de edificios situada al sur.

Las cerámicas presentan dos fábricas, una más cuidada con pastas en tonos marrones en ánforas, platos y cuencos y otra más tosca, en tono anaranjado con desgrasantes de mayor tamaño, con la que se fabricaron fuentes y cerámicas de cocina.  El conjunto cerámico más antiguo es el formado por varios fragmentos de ánforas que pueden datarse como muy tarde hacia mediados o a principios de la segunda mitad del siglo VI a. C. La mayor parte del material cerámico documentado, consistente principalmente en fragmentos de ánforas fenicio-púnicas destinadas al transporte de salazones de pescado. Esto podría marcar la cronología central del uso del recinto fortificado en el siglo V a. C. Este tipo de ánforas se comenzó a fabricar en los alfares de Gadir hacia finales del siglo VI a. C. y continuaron distribuyéndose a lo largo del V a. C.   
La fase final del asentamiento podría estar determinada por un fragmento de ánfora también fenicia  empleada asi mismo para el almacenamiento y transporte de salazones de pescado, cuya cronología se prolonga hasta comienzos del siglo IV a. C.

El conjunto anfórico se completa con un lote de asas de ánforas fenicias cuya adscripción podría hacerse a cualquiera de los tipos anfóricos mencionados.

Entre las cerámicas de cocina y comunes se localizan fragmentos de ollas  y bordes de pasta grosera y restos de combustión en la superficie en algunas ocasiones, grandes cuencos o fuentes.
Otras formas de cerámicas fenicias de mesa han sido documentadas en los Altos de Reveque, tales como un vaso carenado, quizás una copa, de labio curvo que presenta decoración interior con tres bandas de color rojo 

Según los datos cronológicos obtenidos de las  cerámicas, el asentamiento de Altos de Reveque podría fecharse, como muy antiguo, a mediados del siglo VI a. C. y su vida se extendería a lo largo del siglo V, para abandonarse a finales del mismo o, como muy tarde, en los primeros decenios del siglo IV a. C. 


Según los investigadores, este sitio arqueológico podría ser una fundación ex novo promovida desde la ciudad fenicia de Abdera para el control de la explotación de recursos y para el control estratégico del litoral. Los recursos explotados podrían ser fundamentalmente mineros, agrícolas y forestales. A juzgar por su emplazamiento, es posible atribuir a Altos de Reveque una funcionalidad militar y de carácter estratégico, destinada a la defensa de los recursos naturales de la zona, al control territorial y al control del tráfico marítimo costero mediante el establecimiento de un punto fortificado. 



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