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miércoles, 1 de octubre de 2025

Historia de Rioja

La situación geográfica del término municipal y su situación histórica en el Valle del río Andarax, topográficamente con montículos fácilmente defendibles entre el propio río y sierra Alhamilla, han favorecido asentamientos de diversos pueblos y civilizaciones desde el III milenio a.c.

Así, en la orilla izquierda del río Andarax, junto al camino que va desde Pechina a Rioja, se alza el cerro del Fuerte, cuya murralla defensiva encerraba una población que poseía crisoles para fundir metales. En este mismo emplazamiento se han podido encontrar multitud de fragmentos de cerámica romana.

Al finales del siglo XVI Rioja sólo cuenta con 94 personas que se reparten las antiguas tierras de los moriscos, de los cuales sólo 12 eran cristianos viejos. En esta época, también se convierte en pueblo, aunque Gádor logró incrementar sus propio térmico a costa de territorios que anteriormente había pertenecido a sus vecinos. En este sentido es imprescindible el estudio llevado a cabo por el historiador D. Antonio Gil Albarración del LIBRO DE APEOS, DESLINDE Y REPARTIMIENTO DE RIOJA, GÁDOR Y QUICILIANA, del 1787.

En realidad, el Libro de apeo, deslinde de términos y repartimiento de Rioja, que se guarda en Granada, data del año 1572, cuando esta localidad formaba parte de un sólo municipio junto a Gádor y el desaparecido Quiciliana. Al extraviarse el documento, se hizo una copia, traslado, del Libro en el siglo XVIII que volvió a perderse y reapareció en 1985 en la Diputación de Almería, donado por el bibliófilo Antonio Moreno y donde ha quedado guardado en la llamada Hemeroteca provincial Sofía Moreno Garrido.

EL 17 de abril de 1570 don Juan de Austria llegó a dormir en Rioja pasando a Santa Fé de Mondújar, dando un plazo de 20 días pra que los moros fueran reducidos. En esta época Rioja es incorporada, junto con Quiciliana, a Gádor hasta 1635 en que vuelve a ser municipio independiente. Hacia 1572 el número de viviendas e Rioja era de 49, las cuales se componían de cocina, palacios (dormitorios), corrales, y algunas poseían horno particular.

viernes, 19 de septiembre de 2025

Historia de La Mojonera

Es el más joven de los municipios almerienses, ya que su constitución como tal data del 10 de abril de 1984, fecha en la que se aprueba el decreto de segregación de la barriada de la Mojonera, perteneciente al término municipal de Felix, para constituirse en un nuevo e independiente municipio con la denominación y capitalidad de La Mojonera. Según el Diccionario de la Lengua Española, el término «mojonera» significa «lugar o sitio donde se ponen mojones» y por extensión «serie de mojones que señalan la confrontación de dos términos o jurisdicciones». En definitiva, un límite o frontera que tuvo que ser importante y persistente en el tiempo para dejar huella en la toponimia. El padre Tapia sugiere que la zona ocupada por el actual municipio de La Mojonera fue frontera entre la Bética y la Tarraconense desde que Augusto mandó desplazar el límite entre estas dos provincias hispanorromanas desde la desembocadura del Almanzora hasta la zona costera de Murgi, «de donde la subió por Sierra de Gádor a Sierra Nevada». La inercia histórica de las divisiones administrativas heredadas hace suponer al padre Tapia que la linde «Punta Entina-Sierra de Gádor», que siguiría dividiendo la Bética de la Cartaginense tras la reforma de Diocleciano (finales siglo III d. C.), se prolongaría en el tiempo conservándose durante la época visigoda y siguiendo aún vigente bajo el dominio musulmán en al-Andalus. Esta es una hipótesis sin duda atrayente, pero difícil de demostrar, dada la escasez de fuentes arqueológicas y documentales que la sostengan. Por otro lado, L. Cara Barrionuevo y J. Cara Rodríguez, en su estudio sobre el yacimiento arqueológico de la Rivera de la Algaida (Roquetas de Mar), proponen una interpretación diferente de los textos de Plinio, al considerar absurdo que el mojón murgitano estuviese en Punta Entinas, dividiendo de forma artificiosa una comarca natural. Según estos historiadores, el término de la ciudad romana de Murgi abarcaría todo el Campo de Dalías incluyendo a Turaniana, que no seria una estructura urbana, sino una mansio, un vicus o un forum. De esta forma la frontera entre la Bética y la Tarraconense (y posteriormente la Cartaginense) seguiría la línea de cumbres de Sierra de Gádor, probablemente hasta el Cañarete.

Más seguro es vincular el topónimo «la mojonera» a la división del Campo de Dalías en dos tahas diferentes en la época nazarí (siglos XIII al XV), que fueron adscritas a distintas circunscripciones administrativas y religiosas tras la conquista cristiana. Desde el siglo XIII, al-Andalus se reduce al Reino de Granada, que abarcaba entonces un territorio similar al de las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, gobernado por el linaje de los nazaríes. La zona de la Alpujarra, eminentemente rural, estaba organizada en circunscripciones específicas denominadas «Tahas», posiblemente herederas de antiguas estructuras castrales (yuz-aiza) de la época califal. Dos de esas tahas ocupaban el Campo de Dalías: la Taha de Dalías y la de Felix, conocida también como Remepipar o Almexijar. La frontera, ya existente en la época nazarí, dividiría desde la conquista cristiana del Reino de Granada jurisdicciones diferentes tanto civiles como eclesiásticas, lo que, sin duda, agudizaría los conflictos entre los territorios limítrofes. La Taha de Dalías, que mediante las Capitulaciones de Granada fue entregada en señorío a Boabdil, volvió a ser realenga en 1493, cuando el Rey Chico emigró al Norte de Africa. Por su parte, la Taha de Almexijar, con la villa de Felix y los lugares de Enix y Vícar, se integra en la órbita de la ciudad de Almería, pasando a formar parte de su término concejil. En el orden judicial los dos territorios también se insertan en circunscripciones distintas: Dalías y su término en el corregimiento de Granada y después (siglo XVIII) en el de La Alpujarra; Felix, Enix y Vícar en el de Almería. Igualmente, al organizarse la administración religiosa en 1492, las nuevas parroquias de Dalías dependerán del Arzobispado de Granada, mientras que las de la Taha de Felix lo serán del Obispado y Catedral de Almería y su vicaría mayor. Si fueron relativamente frecuentes las disputas de concejos vecinos por el uso y aprovechamiento de unos recursos escasos como las tierras de pastos, que a menudo se arrendaban para mantener las maltrechas haciendas locales, mayores debieron de ser los pleitos cuando intervenían jurisdicciones diferentes interesadas en el cobro de impuestos y tributos.

A pesar de la antigüedad en la ocupación de territorio atestiguada por los registros arqueológicos y de un rico pasado histórico aún por estudiar de forma sistemática, la realidad actual del municipio está vinculada a un proceso mucho más reciente: el nuevo modelo de agricultura intensiva bajo plástico cuyo origen se sitúa en los albores de los años 60. Su dinamismo ha sido tan intenso que en solo tres décadas ha impulsado un nuevo ciclo de crecimiento económico en la provincia y ha transformado profundamente la estructura espacial de los ámbitos en los que se asienta. La segregación de los términos municipales de El Ejido y La Mojonera no es más que la plasmación a nivel formal (administrativo) de esta nueva realidad territorial. En 1953 se aprobó el Plan General de Colonización del sector regable con las elevaciones de Aguadulce. La actuación del Instituto Nacional de Colonización llegará a La Mojonera unos años después. El 4 de abril de 1958 se aprueba el «Plan General de Colonización de la ampliación del sector regable de las elevaciones de Aguadulce en la zona del Campo de Dalías (Almería)» con una superficie regable de 1.997 has. (según el Plan de Obras aprobado un año más tarde). Para alojar a la población instalada en dicho sector «en núcleos que faciliten la atención de sus necesidades espirituales, culturales y sanitarias», se proyecta crear tres nuevos núcleos de población: Las Norias, Las Marinas y Camponuevo del Caudillo, este último «en las inmediaciones del caserío de la Mojonera, en el camino vecinal de Roquetas a El Ejido». A los colonos se les otorgaba un lote familiar de 3,5 has. (después se rebaja a 2), con aperos de labranza y ganado en condiciones económicas muy ventajosas. El proyecto de obra del poblado, ejecutado en tres fases, preveía la construcción de un total de 57 viviendas: 35 para colonos, 14 para obreros agrícolas y 8 para los servicios sociales de la comunidad. El proyecto inicial, aprobado en noviembre de 1958 fue realizado por Jiménez Varea y reformado después por Fernández del Amo. La segunda y tercera fases se aprobaron en 1964 y 1967, respectivamente, y son obra de Francisco Langle.

 

En 1967 se redacta un informe para estudiar la posibilidad de constitución de una nueva entidad municipal de población denominada Camponuevo del Caudillo, cuya área de influencia, que abarcaba una extensión de 1.181 has., estaba compartida entre Felix y Vícar (el límite W de la entidad propuesta era la Rambla del Cañuelo). "Casas" Se justificaba la necesidad de esta nueva entidad municipal en base al traslado de la población de Felix hacia el barrio de La Mojonera-Camponuevo, donde se estaban transformando tierras en regadío, y a las expectativas de crecimiento futuras. También se habían trasladado algunos servicios, concretamente la farmacia, cuyo propietario era el alcalde de Felix, y el médico titular, que había solicitado la vivienda destinada a este fin en el nuevo poblado de colonización. La propuesta final del informe es que se traslade la capitalidad de Felix al barrio de La Mojonera, puesto que la segregación no se estimaba conveniente. La labor del INC resultó trascendental, no tanto por la construcción del poblado, hoy integrado en el núcleo principal del municipio y donde se aloja el Ayuntamiento, sino por haber puesto en marcha la infraestructura hidráulica básica a través de sondeos, canales y acequias para alumbrar, elevar y distribuir las aguas subterráneas que alimentarían los nuevos cultivos. Tampoco hay que olvidar que fueron los técnicos del Instituto quienes experimentaron en los patrimonios familiares entregados a los colonos la técnica del enarenado cuando estaban fracasando los planes iniciales de cosecha (maíz, alfalfa, patatas, cebada...) debido a la mala calidad química de las aguas, con exceso de cloruros. Ya a partir de 1957 se reduce el tamaño del lote familiar de 3,5 a unas 2 hectáreas y se cultivan algunas parcelas con enarenado.

 

Corporaciones Municipales del Ayuntamiento de La Mojonera desde su independencia en 1984

 

Uno de los acontecimientos más destacables de la historia reciente del municipio hace referencia al proceso a través del cual La Mojonera se segregó de Felix el 10 de abril de 1984. El proceso de segregación tuvo como consecuencia la independencia efectiva del municipio a todos los efectos. A partir de ese momento los vecinos de La Mojonera elegirían a sus propios representantes, dando lugar a las primeras corporaciones municipales. En 1984 se constituye una comisión gestora tras el inicio de la segregación con el municipio de Felix al cual pertenecía y hasta el año 1987, año en el que las elecciones municipales dieron lugar al primer pleno de La Mojonera.


Fuente: La Mojonera.es

jueves, 6 de marzo de 2025

Historia de Alicún

 Después de una bajada curvilínea, aparece Alicún, como un vergel, terrazas escalonadas de frondoso verde y una plaza de resonancias islámicas, cubierta en forma de mezquita por grandes castaños, entre los cuales se impone un alminar vigilante de ese elemento tan importante en la cultura musulmana, el agua, la cual dio su impronta a este pueblo.

Esta fuente termal protegida por la vegetación es la primera referencia cultural de Alicún, según Idrisi (geógrafo y cronista musulmán del siglo XII); en época romana se instalan termas sobre un manantial salutífero a continuación de los baños de Alhama, llamados al-Hammam Vexitan, que traducen por Baños Huecijanos y que el historiador Alemany identifica con los de Alicún.

A lo largo de la Edad Media el pueblo se inscribe como un barrio de Huécija, según el documento de donación de la taha de Marchena a don Gutierre de Cárdenas por los Reyes Católicos, y será en el siglo XVI cuando Alicún alcanza entidad propia como pueblo, configurándose como uno de los diez lugares que forman el ducado de Maqueda.

El siglo XVI se caracterizó por la rebelión de los moriscos y su definitiva expulsión en 1570, sucesos que afectarán a Alicún, quedando despoblada y abandonada hasta su repoblación posterior en 1574. Esta crisis de subsistencia no se estabilizará hasta el siglo XVIII, con un aumento poblacional y económico correspondiente al Antiguo Régimen.

El siglo XIX irrumpe con un declive económico y el liberalismo, siendo lo más significativo para Alicún el nuevo régimen de independencia que se concedía a su municipio en el año 1835, consecuentemente a la abolición del señorío de Maqueda y Arcos, adquiriendo autonomía para nombrar un alcalde y un regidor en el pueblo.

Fue un siglo de profundos cambios sociales, económicos y políticos, que configuró un pueblo con una nueva identidad, independiente por fin de Huécija, que era la capital del señorío.La riqueza que aportó la uva de Ohanes enlaza con el siglo actual y su posterior decadencia, más la Guerra Civil, con las secuelas propias del momento y una dura posguerra.

Actualmente Alicún se configura como un pueblo tranquilo y agradable, conservando al cabo de cinco siglos su impronta musulmana, que aún apreciamos en las formas de las chimeneas como linternas orientales de un gusto y sencillez exquisitos.


Considerada durante la Edad Media un barrio de Huécija, Alicún, que alcanzó su entidad propia como pueblo en el siglo XVI, vivió, como el resto de la comarca, la prosperidad agrícola de Al Andalus, la crisis posterior a la expulsión de los moriscos y el auge del parral, ahora en vías de sustitución.

Los cítricos, otros frutales y los productos hortícolas alcanzan ya la mitad de la producción agrícola de un pueblo en transformación que, sin embargo, mantiene una marcada estructura árabe desde su misma ubicación, en la ladera de la sierra y con una perfecta visón de los valles que se encuentran justo enfrente, los del Andarax y el Nacimiento, como si, además de un vergel, fuera una torre vigía.

Visto desde el valle, Alicún presenta uno de los perfiles más curiosos de los pueblos de Almería: asemeja en sí mismo un vergel y, si lo imagináramos uniformemente pintado de algún color chillón, incluso una flor. En Alicún, en efecto, huerta y pueblo parecen desde algunos ángulos ser exactamente lo mismo.

No podía no ser así en un pueblo que posee el bien más preciado de las culturas del Sur, el agua que mana de una fuente termal que fue ya utilizada en época romana y que marcó, como no podía ser de otra manera, la Alicún musulmana. Estos llamados "baños huecijanos" son el eje de la historia del pueblo, primero termas romanas, luego hamman árabe y siempre demostración palpable de que la sierra obsequiaba al hombre con lo más necesario para construir su vida.

Fuente: Alicún.es

martes, 25 de febrero de 2025

Historia de Enix

 Aunque no hay vestigios que atestigüen el pasado prehistórico de Enix, es de suponer, que por su ubicación y cercanía a la llamada cultura de los Millares, los habitantes de este poblado vagarían por estas tierras, bien cazando, en actividades de pastoreo o buscando algún metal que le fuese útil, refugiándose de las inclemencias meteorológicas en los numerosos abrigos naturales y cuevas con las que cuenta el municipio.

El topónimo deriva de NIX que en lengua germánica se relaciona con fuentes y manantiales. Enix posee la fuente que le dio su nombre y la que podía ocupar un pedestal bastante alto en comparación fuentes del planeta en temperatura y calidad.

Esta maravillosa fuente se remonta al año 409 con la entrada de los bárbaros a España. Estos hombres en sus correrías no les pasa inadvertida la fuente de Enix, y de ahí el vocablo NIX que se fue haciendo extensivo al grupo de casas más próximas a la misma y así a través del tiempo, hasta que acaba la dominación visigoda.

Con la entrada de los árabes a España respetaron el nombre del lugar, pero adaptándolo EL NIX, en cuya área comienza a crecer los cereales, la higuera, el almendro y el olivo; así como la vid entre otros.

Con la entrada de los Reyes Católicos el municipio de Almería extiende su jurisdicción a las villas de Tabernas, Nijar, EL NIX, Félix y Vicar. Por tanto la zona de Almujejar pasa Almería. El año 1570, sería rico en acontecimientos para EL NIX. Su fisonomía urbana se transforma para sus habitantes y el nombre del pueblo tomaría nuevo matiz. En efecto; EL NIX, toma parte en la guerra contra los moriscos alpujarreños sublevados tres días después de la batalla de Huécija y un día antes que la de Félix , queda totalmente destruido.

La rebelión iniciada en la Alpujarra granadina el 24 de diciembre de 1568 por el edicto de 1567 que afecta algunas costumbres de los moriscos, fue capitaneada por Aben Humeya. La contienda pronto se extendió a la zona oriental de la actual provincia de Almería y a las zonas de Félix, Enix, Laujar y Canjayar. Los pueblos campesinos se transformaron en escenario de increíbles luchas cruentas.

El exterminio casi completo de la población morisca en Enix fue llevada a cabo por las tropas del Marqués de los Vélez el 19 de enero de 1569 en uno de los acontecimientos más crueles de toda nuestra historia bélica.

Pocos fueron los supervivientes de aquella cruenta batalla. Los documentos reflejan la venta o rescate de mujeres y niños reducidos a esclavitud y el resto de población morisca de Vicar, Enix y Felix fue repartida por Castilla, Extremadura y Galicia para evitar un nuevo levantamiento.

La repoblación de 1573 tendría consecuencias trascendentes para este modesto lugar habilitado por 138 vecinos moriscos, con dos mezquitas, dos cementerios y 15 fuentes. La población quedó agrupada en Félix, quedando Enix y Vicar despoblados por razones de seguridad; de manera que los 45cristianos procedentes de Castilla unos y de la región levantina otros, entre los que figuran los apellidos Amate, Torres y Arcos entre otros, recibieron suertes en los tres lugares, pero se concentró en su cabeza: Félix.

Los nuevos colonos, de acuerdo con el Concejo de Granada arranca la letra ELE del nombre de EL NIX con lo que pierde su resonancia, pero no su estirpe puesto que sus raíces siguen asentadas sobre su propia fuente.

A comienzos del XVII el núcleo urbano de Enix tiene población propia y tiende acrecer; pero, en 1752, Félix seguía siendo el único concejo de la Taha y a su jurisdicción pertenecían: Enix, Vicar, Marchal de Miralles, Marchal de Antón López y Roquetas de Mar.

En el siglo XIX ya se encentran datos separados de éste pequeño pueblo. En 1847 la situación es la que sigue: 100 casas de un piso y poco cómodas; una plaza, dos calles angostas y sin empedrar, una pequeña cárcel; una pequeña escuela de instrucción primaria concurrida por 20 alumnos y una población de 275 vecinos.

La riqueza del pueblo en el siglo XIX era sobre todo la agricultura y la ganadería; había media legua cuadrada de viña y algunos olivos, estando sin cultivar o de monte bajo lo demás del terreno. También contaba con una fábrica de aguardiente y exportaba vino y trigo a Roquetas y Almería de donde importaban los artículos necesarios.

A finales del siglo XIX y durante el XX se abrieron explotaciones mineras en varios puntos, en las proximidades de El Marchal de Antón López, que diezmaron gran parte de la vegetación natural para combustible en las explotaciones y fundiciones mineras. Sin embargo esta riqueza coyuntural permitió un espectacular aumento de la población. Con el cierre de las minas y la crisis general del medio rural la pérdida de la población ha sido constante.

Hoy, a excepción de El Palmer (dado que aguadulce pasó a Roquetas de Mar antes de 1950) es un municipio agrícola de olivos, almendros y pequeños regadíos, donde aún son perceptibles los trabajos tradicionales de la agricultura en los pequeños marchales o zonas húmedas. Aunque este tipo de agricultura es cada vez es más residual ya que la producción es ínfima y poco rentable.

Este municipio serrano, blanco, tranquilo y con una tortuosa orografía que recuerda períodos medievales produce una gran atracción para el turismo. En 1922 Don Francisco Javier Cervantes construyó en Enix una residencia para su propiedad, vendiéndola después de la Guerra Civil al Sindicato de Educación y Descanso funcionando como lugar de vacaciones hasta la década de 1970.

El municipio de Enix en la actualidad está creciendo en el número de habitantes, no solo por la vuelta de emigrantes que vienen a pasar sus últimos años de vida en el pueblo que los vio nacer; sino también por llegada de población europea (ingleses y alemanes) que encuentra en este lugar la paz ,la luz y la tranquilidad que en sus lugares de origen le es imposible tener.

Fuente: Ayuntamiento de Enix

miércoles, 12 de febrero de 2025

Historia de Abla

Los orígenes de los primeros pobladores de Abla se datan en el tercer milenio a.C durante la Edad del Cobre, tras el hallazgo de una necrópolis en los Milanes un tipo de enterramiento similar a los utilizados por la cultura de los Millares.

En el segundo milenio a.C la cultura argárica reemplaza a la de los Millares. Se han encontrado vestigios en el paraje de las Juntas.

Y ya en el siglo II aparece la primera referencia histórica de una población, Ptolomeo menciona la población de ABVLA, situada en la región de Bastetania.

Durante la época romana, Abla tomó la denominación de “mansio”, villa importante en el camino entre Castulo(actual Linares) y Malaca (Málaga), donde las tropas y comerciantes podían descansar.

Todavía queda huella patente del paso de los romanos por Abla, como el mausoleo romano o el pedestal de Avitiano. Gracias a varias inscripciones romanas podemos tener información sobre varios personajes importantes de la villa – el soldado Aurelio Julio, la liberta Cornelia Maura, el tribuno Lucio Alfeno Avitiano.

A partir del Siglo I, el cristianismo comienza a expandirse por la Península Ibérica, y Abla fue base de uno de los siete varones apostólicos (San Segundo). De esta forma, Abla se convierte en una de las primeras ciudades cristianizadas de Hispania, así como sede episcopal.

Durante esta época romana se produce el hecho del martirio de los Santos Mártires, actuales patronos de Abla.

Con la llegada de los árabes en Hispania, Abla mantuvo su condición de ciudad de paso, esta vez entre Córdoba - capital del califato - y Almería, uno de sus principales puertos.

La época califal fue un periodo de esplendor cultural, aunque no exento de revueltas internas. Para proteger la villa de las incursiones enemigas, se construyen atalayas de vigilancia como la fortaleza árabe, y el peñón de las Juntas. Como máximo exponente de esta época tenemos el ejemplo de El Ablí, poeta-guerrero natural de Abla.

Durante la época de los reinos de taifas, Abla entra en un período de inestabilidad, ya que está en la zona fronteriza entre la taifa de Granada y la de Almería:

Durante el reinado nazarí (1232-1492), Abla incrementa notablemente las tierras cultivables, por lo que la necesidad de agua para regadío se hace cada vez más necesaria. Se establece el reparto del caudal de agua proveniente de Sierra Nevada, correspondiéndole a Abla 1/3 y a Abrucena 2/3. Este reparto tendrá consecuencias en siglos posteriores.

Debido a la situación fronteriza de Abla, son frecuentes las incursiones de las huestes castellanas al reino de Granada. Hay documentada una incursión en 1435 de Rodrigo Manrique, consiguiendo animales y esclavos como botín.

La reconquista definitiva de Abla se produce en 1489, durante la campaña de los Reyes Católicos desde Almería a Guadix. Muley Abdelí "El Zagal" rinde la plaza. Desde ese momento, Abla queda englobada en la corona de Castilla.

Aunque esta rendición no fue todo lo pacífica que se esperaba. Al año siguiente se produce una revuelta de la población debido al descontento con la rendición. El levantamiento fue rápidamente sofocado por el marqués de Villena y el alcaide de Fiñana don Álvaro Bazán con el apoyo de las milicias provenientes de otras ciudades, que redujeron rápidamente a los insurrectos y restablecieron la estabilidad en la zona.

Tras la caída del reino de Granada, los Reyes Católicos otorgan el cargo de alguacil mayor perpetuo de Abla a Alonso Bazán Hacén, nieto de Muley Hacén, penúltimo rey nazarí.

Tras la incorporación a la corona de Castilla, se implanta un nuevo modelo jurídico-administrativo, perdiendo Abla la denominación de villa y pasando a depender de Fiñana. En el plano religioso, Abla se integra en la diócesis de Guadix.

Una bula expedida por el Papa Inocencio VIII autoriza la construcción de iglesias en pueblos del antiguo reino de Granada. De esta forma, en 1540 se construye la Iglesia de la Anunciación.

En 1568, Abla se suma a la rebelión morisca de las Alpujarras. La iglesia fue profanada, y al día siguiente marcharon a Fiñana con la intención de tomar su alcazaba. Este período de inestabilidad duró un año aproximadamente, hasta que el marques de los Vélez sofocó definitivamente la rebelión.

Para evitar futuras revueltas debido a la mayor concentración de moriscos en la zona del reino de Granada, la Corona procedió a la diseminación de los moriscos a distintas zonas de Castilla, así como repoblar las zonas con mayoría morisca con cristianos viejos venidos de otras zonas. Las propiedas de los moriscos que habían quedado vacantes fueron confiscadas por la Corona.

Con el nuevo sistema de repartimiento, también implica un nuevo modelo de repartimiento de agua, con la consiguiente disputa entre Abla y Abrucena. En 1527, Carlos I pedía al concejo de Guadix que respe­taran el repartimiento acordado originalmente. Por tanto, se regula que 1/3 del agua que nace en Abrucena sea cedida a Abla para la explotación de las tierras de regadío de la zona.

Debido a abusos en la aplicación de las penas o la asignación de propiedades por parte de la jurisdicción de Fiñana, Abla y Abrucena solicitan formar una jurisdicción independiente, la cual es aprobada en 1596.

En estas ordenanzas, se regulan las normas de convivencia entre vecinos, así como las leyes más diversas (desde la elección de alcalde, mantenimiento del sistema de acequias, regular el paso del ganado, etc).

En 1629 el obispo de Guadix declara patronos de Abla a los santos mártires Apolo, Isacio y Crotato.

Siglos XVIII y XIX

Este período está marcado por la inestabilidad política, guerras, hambrunas y enfermedades.

En 1717, Abrucena se separa jurídicamente de Abla, y forma su propio término municipal.

La actividad principal del pueblo es la agricultura y a la ganadería, y cuenta con unos 1600 habitantes censados. La pequeña industria estaba compuesta por 4 tabernas, 3 puestos de aguardiente, 1 mesón, 3 ventas, 1 tienda de especiería, 6 molinos harineros y 2 almazaras. Los oficios se reducían a un médico, un boticario, un sangrador-barbero, un escribano, dos maestros albañiles, dos herreros.

El orden es mantenido por la milicia concejil de la villa. En el siglo XIX es un período inestable debido a las guerras napoleónicas y de independencia.

En 1834 Las tres villas que inicialmente dependían jurídicamente de Abla forman su propio término municipal. Esto, unido a la desamortización de bienes eclesiásticos de Mendizábal provoca que unos pocos terratenientes acumulen la mayoría de las tierras de cultivo, dejando a la mayoría de la población muy empobrecida.

El ministro de Hacienda Madoz describe la villa a mediados del siglo XIX como: Tiene 383 casas toscas, de dos pisos, elevadas nueve varas sobre el nivel de las calles, que aunque empedradas, son incómodas y mal alineadas; una plaza cuadrilátera en el centro y dos en los extremos; casa capitular, buena cárcel, dos posadas públicas, pósito, iglesia parroquial antiquísima dedicada a la Virgen del Buen Suceso … con una población de 529 vecinos y 2.117 habitantes.

Alrededor de 1850, se desata una epidemia de cólera morbo, que causa bastantes fallecimientos en toda la provincia, y Abla no es una excepción. A buen seguro que el médico y el boticario tuvieron mucha faena en esos años.

En 1894 se acometen dos obras públicas importantes para la conexión del municipio, como es el puente de las Juntas para comunicación por carretera, y el puente de las Adelfas para el ferrocarril.

Actualidad

El siglo XX viene marcado por la crisis económica y social que desembocó en la guerra civil, la posterior hambruna y la emigración.

La situación económica de la población era precaria. En las cortijadas más alejadas del núcleo urbano, se cultivaba en pequeñas parcelas, que apenas producían lo necesario para la subsistencia de una familia. La agricultura y la ganadería seguía siendo la actividad principal de los habitantes del pueblo.

La mayoría de las tierras cultivables de mejor calidad se encontraban en manos de unos pocos terratenientes, los cuales arrendaban las tierras a cambio de un porcentaje de la producción.

La popularidad de la uva de barco hizo que se intensificase su cultivo y manufactura. El procesamiento de la uva y su limpieza era fundamentalmente hecho por las mujeres.

Ante la falta de oportunidades, en la década de los 60-70 un gran número de abulenses decidieron emigrar a zonas más prósperas, bien a la capital o a la zona de Poniente - donde la agricultura intensiva comenzaba a despuntar -, Cataluña (zona de Tarrasa) u otros países europeos, principalmente Alemania, donde se necesitaba mano de obra para la industria.

Con la llegada de Internet, Abla ha sido uno de los pueblos pioneros y más activos en la adopción de las nuevas tecnologías entre la población, a través de su centro Guadalinfo. El motor de su economía sigue siendo la agricultura (principalmente olivos, aunque comienzan a verse algunos invernaderos), aunque poco a poco nuevas alternativas se van abriendo paso, aprovechando el auge del turismo rural.


Fuente: Planetalmería

Historia de Lubrín

 En medio de una tierra de minas y canteras, la crisis de la minería supuso un duro golpe al pueblo, y en su término se encuentra el llamado mármol de El Tranco, aunque el sector tiene mucho que avanzar en un término que está travesado en las últimas décadas por un fuerte descenso demográfico.

Pueblo viejo que hunde sus raíces a lo largo del tiempo y que cuenta con una oferta alimenticia cuando menos interesante, Lubrín es un lugar de rincones campestres y de rincones urbanos que merece una visita atenta que, con toda probabilidad, se repetirá.

Tierra de emigrantes que, como primer destino, fue EE.UU., especialmente California. Esta tendencia cambió a partir de los años 40 se mantiene la emigración, pero esta vez y hasta hace muy poco tiempo, a Cataluña.

Se ha seguido produciendo también un flujo ininterrumpido de carácter migratorio; los jóvenes se han ido marchando al exterior de la provincia y los mayores a la capitalidad del municipio, fenómeno que afecta no sólo a la propia villa, sino también a las pedanías, en las que se hace más notable el descenso de habitantes.

Su estructura urbana es de origen morisco con calles estrechas y empinadas que se abren en pequeñas plazoletas y definen manzanas irregulares caracterizadas por los entrantes y salientes de las edificaciones.

Hasta el año 1309 Lebrilla (así se llamaba Lubrín), estaba ocupado por los musulmanes quienes fueron vencidos por el obispo de Cartagena, Martín Martínez. Posteriormente, ya en el siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, se produjo el levantamiento de los moriscos. Una vez controlada esta rebelión por las tropas cristianas se desterró a todos los moriscos de la región. Este hecho dio lugar a que Lubrín quedara totalmente deshabitado y prácticamente destruido. Debido a su extensión y fertilidad se decidió repoblarlo con 30 familias de cristianos viejos provenientes de distintos lugares de España, como Galicia, Extremadura, Jaén o Murcia. Si bien Lubrín fue repoblado por inmigrantes, esta es tierra de emigrantes ya que la emigración ha constituido uno de los fenómenos sociales más importantes y que más ha afectado al pueblo.

Fuente: Ayuntamiento de Lubrín y andaluciarustica.com

miércoles, 5 de febrero de 2025

Historia de El Ejido

 Los hallazgos más antiguos se han localizado en el yacimiento de Ciavieja y datan de la Edad del Cobre. Se han localizado evidencias de poblamiento desde la Edad de Bronce a la Hispania romana, época de la que data la civitas stipendiaria de Murgi.

Durante la Edad Media pertenecía a la Taha de Dalías. La tierra llana era un lugar de pastoreo para el ganado ovino y caprino trashumante de las Alpujarras almerienses. De los siglos XIII y XIV datan los aljibes, abrevaderos y las acequias desde el arroyo de Celín, en muchas ocasiones aprovechando infraestructuras anteriores. Tras la Guerra de Granada únicamente los rebaños de la jurisdicción de la ciudad de Granada estaban autorizados a pastar en el Campo de Dalías.

En el siglo XVI tras la expulsión de los moriscos las Alpujarras son un área de repoblación especial y se encuentran bajo un control férreo. La amenaza de los piratas turcos y berberiscos, la despoblación y la escasa dotación de la que disponían la torre de Balerma y el castillo de Roquetas así como el desarme de la población hace que esta zona no llegue a repoblarse satisfactoriamente.

A mediados del siglo XVIII Dalías era un lugar de realengo y este núcleo sí concentraba población por tratarse de un centro burocrático agrícola y ganadero. Sin embargo, el actual El Ejido en el Campo de Dalías estaba conformado principalmente por la población actual y cortijos dedicados a la agricultura de subsistencia y al pastoreo.

En 1953 el Instituto Nacional de Colonización aprueba el Plan General de Colonización del Campo de Dalías y desarrolla San Agustín y Las Norias de Daza, a donde los colonos llegan en 1956. Como consecuencia, a mediados del siglo XX El Ejido contaba con algo más de 3000 habitantes.

Se llevan a cabo exitosos ensayos para obtener mejoras en la productividad agraria mediante la combinación del enarenado para cultivo bajo invernadero. A partir de 1961 se implantan de forma general los enarenados bajo invernadero e innovaciones como el sistema de riego por goteo, inventado en Israel. El Ejido se convierte en el mayor exponente de la agricultura intensiva de la provincia de Almería y el sector primario se convierte en generador de prosperidad y empleo.​ Era la época del milagro económico español (1959-1973).

En 1981 se traslada la capitalidad del municipio de Dalías a El Ejido. En 1982 las poblaciones de Dalías y Celín se segregan para constituirse en municipio independiente (Real Decreto 2251/1982 de 30 de junio).

Actualmente la zona de invernaderos de El Ejido y el resto del Poniente Almeriense se conoce como La Huerta de Europa y El Mar de Plástico. Esta última denominación se debe a que la NASA observó que la gran extensión de invernaderos es la primera estructura creada por el ser humano perfectamente visible desde el espacio, antes incluso que las pirámides de Egipto.​

Fuente: Wikipedia

miércoles, 22 de enero de 2025

Historia de Santa Cruz de Marchena

 Santa Cruz, a la sombra de dos magníficos plateneras orientales, se perfila contrastando su origen toponímico de carácter sacro, la media luna y la cruz están omnipresentes después de cinco siglos desde la Reconquista. El pueblo actual era la antigua Haratalgima o barrio de la mezquita (la mezquita aljama designa de ordinario la mayor de cada ciudad, destinadas a congregar obligatoriamente a los musulmanes varones durante la oración ritual del viernes, un símil podría ser la catedral), que junto con el lugar de el Bolodu formaban la taha de Alboloduy.

Fue la primera mezquita en transformarse en templo cristiano con el título de la Santa Cruz, que quedó como nombre del lugar. Así Santa Cruz se va formando durante la Edad Media a la vera de Alboloduy, la cual es una de las primeras alquerías que fundaron los musulmanes en el siglo VIII, instalándose soldados Yemeníes de la tribu de Quda. A partir del siglo XIII, al formarse el Reino de Granada con la dinastía nazarí, la Alpujarra se divide en tahas, una nueva unidad administrativa, surgiendo la taha de Alboloduy, la cual se componía de dos alquerías, una Alhiçan o Bolodud y la otra Haratalgima (Santa Cruz); esta última tenía dos barrios, Rochuelos y Belembín, destruyéndose el primero con el terremoto de 1522.

Tras las Capitulaciones de Granada en 1492, la taha perteneció a Boabdil, junto a otras, como feudo hasta 1493, para concederlo definitivamente en 1504 a don Sancho de Castilla y Enríquez, señor de Gor, como recompensa por la ayuda prestada en la Reconquista. Según un estudio de Guillermo Valdecasas, al año siguiente muere don Sancho de Castilla, quien, a falta de descendientes, en su testamento (febrero de 1505) instituyó herederos a su padre don Sancho y a su hermano mayor don Diego de Castilla; éstos establecieron la capital de su señorío en la alquería de Haratalgima, sustituyendo el nombre por el de Santa Cruz. De esta forma Santa Cruz mantiene la capitalidad hasta el S. XVIII.

En el siglo XVI también se refunden la taha de Marchena y Alboloduy, creando tal confusión con los términos limítrofes que quizás sea el motivo de llamarse actualmente el pueblo Santa Cruz de Marchena. Situación que se aclara en 1790 al pedir el duque de Maqueda el apeo, deslinde y amojonamiento de la taha de Marchena de la de Alboloduy. Al instalarse un nuevo poder, se crean edificios de nuevo cuño, que cambiarán la fisonomía física y espiritual de Haratalgima; donde se encontraba la antigua mezquita se construye la iglesia parroquial, dedicada a la Santa Cruz en un principio y a partir de 1678 a Santa María, aunque el patrón del pueblo es San Agustín.

Es un templo de estilo mudéjar, del tipo de iglesias con la capilla mayor diferenciada, la cual tiene una bóveda de estuco vaída de época posterior, la techumbre de la nave es una armadura de limabordón con agramilado y un paño decorado con estrellas de ocho puntas y lazo de cuatro. La entrada principal es una portada adintelada con arco de medio punto y coronándolo una cornisa con perfil de gola.

El siglo XVI estuvo caracterizado por la sublevación de los moriscos y su definitiva expulsión tras su derrota en 1570, quedando Santa Cruz despoblado y sus campos abandonados. Comienza en 1571 a realizarse el apeo de tierras, para la posterior repoblación con cristianos viejos por la Pragmática de Felipe II, y en 1586 el alcalde y el regidor de Santa Cruz aprueban las ordenanzas para el gobierno de la villa en nombre del señor de Gor.

Santa Cruz se irá recuperando demográfica y económicamente a lo largo de los siglos XVII y XVIII para enlazar con el siglo XIX. En este período la economía estará afectada por la desamortización, que tuvo efectos negativos para el campesinado, aunque habrá una recuperación posterior con el cultivo de la uva de Ohanes, que crea una serie de servicios como la barrilería instalada en el pueblo y que aún hoy se recuerda. Políticamente, el hecho más trascendental será la abolición de los señoríos, consiguiendo Santa Cruz un nuevo régimen de independencia para su municipio en 1850.

Los comienzos del siglo XX fueron difíciles, produciéndose continuas tensiones sociales (campesinado pobre y en paro e inestabilidad política) y una gran sequía, situación que enlaza y se acentúa con la Guerra Civil y la posguerra. El pueblo se configura en la actualidad con los problemas comunes de la comarca, sequía y despoblación, pero avanzando paralelamente por la modernidad del bienestar y esperanzados por nuevas alternativas que palien sus problemas.

Fuente: santacruzdemarchena.es

Historia de Santa Fe de Mondújar

 Lugar de asentamiento desde los tiempos prehistóricos por su situación junto a valles fértiles y por posición estratégica y privilegiada.

Alrededor del 3300 , en el período de la Edad del Cobre se constituye el asentamiento prehistórico de Los Millares. Se trata de un poblado de casas circulares fortificado con una muralla y una gran necrópolis de sepulcros colectivos.4​Los romanos construyeron una torre vigía para guardar la calzada que iba de Guadix a Urci (Pechina). Durante el periodo de al-Ándalus, Idrisi, geógrafo del siglo XII, nos habla que el Castillo de Mondújar estaba en una colina cerca del río, quizás fuera la antigua fortaleza romana que utilizaron también los árabes. Guechen o Huechar era la otra alquería del término. Con la conquista cristiana debió de fundarse Santa Fe que sustituirá como centro de población a las alquerías de Mondújar y Huechar. Antes de la Guerra de las Alpujarras (1568-1570), Santa Fe, Mondújar y Huechar contaban con 176 moriscos. Tras la guerra y expulsión de los moriscos se llevó a cabo la repoblación en el 1573. La repoblación se hizo con 42 pobladores procedentes del Reino de Jaén, Valencia, Navarra, Lugo y un italiano que llegaron a Santa Fe. Mondújar y Huechar quedarían despobladas como consecuencia de la expulsión morisca.

Una lenta recuperación demográfica nos lleva hasta mediados del siglo XVIII en el que el Catastro de Ensenada arroja una población para Santa Fe de 262 habitantes. La segunda mitad del siglo XIX traerá consigo la prosperidad que supuso el cultivo de la uva de Ohanes y las minas de Gádor generadoras de mano de obra, a esto se uniría la implantación del ferrocarril. El municipio llegó a contar con una importante estación ferroviaria. En el 1911 se inaugura el primer tren eléctrico de España, con carácter experimental, entre Santa Fe y Gérgal. Este auge económico llegará hasta la primera decena del siglo XX. En la actualidad su actividad económica se centra en la agricultura con el cultivo de la naranja, como alternativa a la uva de Ohanes; el olivo y los frutales.

Fuente: Wikipedia

lunes, 20 de enero de 2025

Historia de Alhabia

  Alhabia se forma entre dos aguas, una situación privilegiada sobre tierras arcillosas que definirán esta alquería de origen musulmán, instalándose desde sus inicios un campamento ferial para el comercio de animales y una alfarería que atraían a comerciantes de toda la comarca. Su topónimo de origen árabe tiene un significado polémico; según los historiadores tradicionales, es traducido por tienda de campaña o estanque de agua, una referencia histórica la primera y de carácter natural la segunda, por el pequeño lago que se formaba en la confluencia de los dos ríos, Andarax y Nacimiento. Aunque se puede constatar su evolución morfológica a lo largo de su historia, fue llamada Hayva, Aljaiba, Aljabia, Aljabiati, hasta su denominación actual en el año 1587.

La primera mención cultural de la alquería corresponde al siglo XII debida a Idrisi (geógrafo y cronista musulmán), el cual menciona el lago que se formaba entre los ríos e inscribe el lugar dentro de la actividad colonizadora y fundación en el territorio de Urs al-Yaman de unos 20 castillos en el siglo noveno, hecho que atestiguan los restos arqueológicos de las torres que defendían la alquería. A partir del siglo XIII, al crearse el reino de Granada, Alhabia formará parte de la taha de Marchena (taha, unidad administrativa en que los sultanes nazaríes dividieron todo el territorio alpujarreño), junto con los pueblos colindantes, sumando un total de diez lugares. Tras la rendición de Baza y las Capitulaciones de Almería en 1489, comienza la historia moderna de Alhabia, se instaura un nuevo poder político y religioso, con construcciones de nuevo cuño que cambiarán la fisonomía de la antigua alquería musulmana, dándole un perfil más castellano.

La taha de Marchena fue dada en recompensa a don Gutierre de Cárdenas y Chacón en 1494, por la ayuda prestada a los Reyes Católicos durante la Reconquista.Alhabia inicia el siglo XVI formando parte del señorío de los Cárdenas, posteriormente duques de Maqueda. Este siglo se va a caracterizar por una inestabilidad económica y demográfica como consecuencia de la rebelión de los moriscos y su definitiva expulsión en 1570, situación que se estabilizará en el siglo XVIII.El siglo XIX irrumpe con el liberalismo, siendo lo más significativo para Alhabia el nuevo régimen de independencia que se concedía a su municipio, consecuentemente a la abolición del señorío de Maqueda y Arcos en 1835. Desde principios de siglo habrá un importante auge económico y demográfico, reflejado en la arquitectura neoclásica y ecléctica que se realiza en ese momento, como la iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, aunque la patrona es Nuestra Señora de la Visitación, de finales del siglo XVIII y primer tercio del siglo XIX (1834), de clara influencia neoclásica siguiendo un proyecto realizado en el taller de Ventura Rodríguez.

De la segunda mitad de siglo tenemos el llamativo edificio neoárabe llamado la Mezquita, más numerosos ejemplos arquitectónicos que se pueden admirar haciendo un recorrido por el pueblo. En el inicio del siglo XX aún se mantiene el crecimiento demográfico y económico debido al cultivo de la uva de Ohanes, para ser interrumpido en las siguientes décadas. Cabe destacar como principal atractivo el simbólico monumento dedicado a la Mujer del Farmacéutico Rural de España en la persona de Carolina de Yebra y Rittwagen, obra de Santiago de Santiago, ubicado en el jardín de la casa familiar, frente a la farmacia (fundada en 1871), la cual es una de las de mayor tradición y solera del Valle Medio del Andarax.

Fuente: Alhabia.es

miércoles, 15 de enero de 2025

Historia de Alsodux

 El nombre de Alsodux, de resonancia árabe, ha sido tradicionalmente interpretado como el "sexto", derivado del vocablo árabe "al-sadis", que significa el número seis, o de "sodux", una forma dialectal andalusí que también se traduce como sexto. Estos términos hacen referencia a la posición numérica que ocupaba el pueblo en la taha de Marchena, aunque esta interpretación es cuestionada por arabistas contemporáneos. Sin embargo, a lo largo del tiempo, el nombre ha experimentado una transformación morfológica, pasando por variantes como Sodu, Zodux, El Soduz, hasta llegar a la forma actual de Alsodux.

La primera mención histórica del pueblo se remonta al geógrafo y cronista musulmán del siglo XII, Idrisi, quien señaló la importancia estratégica de la alquería para la vigilancia del río Nacimiento y el acceso a Guadix. Incluso durante la época musulmana, a partir de 1232, cuando el reino de Al-Andalus quedó reducido al sultanato nazarí, Alsodux fue uno de los diez lugares que formaban parte de la taha de Marchena, una nueva unidad administrativa que dividió el espacio alpujarreño en esa época.

Después de la rendición de Baza y las Capitulaciones de Almería en 1489, Alsodux dejó de ser musulmana, marcando el surgimiento de nuevos símbolos de poder político y religioso. La antigua taha fue otorgada como recompensa a don Gutierre de Cárdenas y Chacón por los Reyes Católicos, en reconocimiento a su contribución durante la Reconquista.

A pesar de formar parte del señorío de los Cárdenas durante el siglo XVI, Alsodux continuó siendo habitada por moriscos hasta su expulsión definitiva en 1570, después de una rebelión que casi los exterminó de manera cruel. Este siglo estuvo marcado por la limpieza ideológica llevada a cabo tanto contra judíos como contra musulmanes, lo que tuvo repercusiones en la economía y la cultura local.

Un vestigio de esta historia es la actual iglesia parroquial, ubicada en el lugar donde se encontraba la antigua mezquita. De estilo mudéjar, esta iglesia presenta una capilla mayor diferenciada, con armadura de madera de limabordón y una puerta de entrada con alfiz, detalles que remiten a la herencia musulmana de la región.

Fuente: Alsodux.es

martes, 7 de enero de 2025

Historia de Adra

 El proceso de islamización de la comarca en la que se encuentra Adra no se completará hasta finales del siglo IX. El año 1489 señala el final del dominio musulmán en la Península con las capitulaciones de Baza, en las que se pacta la entrega, a los Reyes Católicos, de las ciudades de Almería y Guadix; antes de finalizar el año se entregaban el Alto Almanzora, la ciudad de Fiñana y muy poco tiempo después lo hacían La Alpujarra y Adra. Desde la segunda mitad del siglo XVI, Adra desempeñó un papel importante en la economía de la comarca como vía de exportación e importación de productos a través de su puerto; pero será la caña de azúcar, su cultivo (desde 1577) y posterior transformación en otros productos, lo que supondrá el principal motor de la economía abderitana hasta mediados del siglo XX. En 1833, la Reina Regente María Cristina configuró las actuales provincias andaluzas, acabando definitivamente con la anterior separación en reinos. Desde esa fecha, Adra dejó de pertenecer a Granada para incorporarse a la provincia de Almería. La Antigua Abdera es conocida, asimismo, por su luz , Adra está situada en la zona más occidental de la provincia de Almería, el término municipal constituye el límite con la provincia de Granada y abarca de sur a norte los términos municipales de Albuñol y Turón. El lado oriental limita con el término municipal de Berja (Almería). El municipio abderitano se encuentra enclavado en las estribaciones del sureste de Sierra Nevada y su geografía está caracterizada por la existencia de un conjunto de lomas y barrancos que se inician a nivel de mar en el vértice sureste del término, y que van aumentando su altura cuanto más avanzamos hacia el norte y el oeste, alcanzando cotas máximas próximas a los 1000 metros. Para algunos historiadores, Abdera (Adra) es una fundación fenicia, apagada por los Tartesos y reavivada por los griegos, cartagineses y romanos, los restos arqueológicos encontrados en las excavaciones llevadas a cabo en el Cerro de Montecristo, enclave donde se asentó Abdera, revelan, además, un pasado púnico a partir del siglo IV a.C., si bien anteriormente pudo ser colonia griega como sugiere su nombre Adra, pueblo de costumbres marineras y arraigo agrícola, con 14 kilómetros de litoral, pero Adra es mucho más que sol y playa, pasear por su casco antiguo, descubrir los vestigios de su antigua muralla o perderse por las galerías subterráneas que sirvieron de refugio durante la Guerra Civil son paradas ineludibles. También lo son la Torre de los Perdigones, legado de su pasado industrial más esplendoroso, o los restos arqueológicos que se ocultan en el subsuelo de la ermita de San Sebastián. El yacimiento arqueológico del Cerro de Montecristo, origen de Abdera, sigue destapando parte de una ciudad con mucha historia.

Especialmente destacado es también su patrimonio natural, con las Albuferas de Adra o las Estrechuras de Guainos como estandartes, o sus centros expositivos. El Museo y el Centro de Interpretación de la Pesca, donde actualmente se ubica la Oficina de Turismo, merecen una visita.

En abril, celebra sus fiestas en honor a San Marcos, declaradas Bien de Interés Turístico de Andalucía, y en julio llega el turno de rendir honores a la Virgen del Mar, patrona de los marineros. En agosto, recibe a miles de personas en el festival de música Juergas Rock. Por su escenario han desfilado bandas como Rosendo, Loquillo, Bad Religion, La Raíz o Rozalén. En septiembre, despide el verano con su semana grande para festejar a sus patronos. En la actualidad, el sector agrícola, con la agricultura intensiva o bajo plástico, es la base económica del municipio.

Museo de Adra

Documentada a comienzos del s. XIX, se trata de una antigua casa señorial con patio porticado que perteneció a la familia del Trell.

Acoge un punto de información turística, un espacio para exposiciones temporales y una sala dedicada a la tradición y vanguardia en el arte español.

Centro de Interpretación de la Pesca

La exposición comienza su recorrido por la planta baja en la sala de proyección audiovisual 3D, donde el visitante conocerá la vinculación histórica de Adra con el mar y la pesca.

Se puede experimentar todo el proceso que se vive en torno a la temática de la lonja y las conserveras, así como a la gastronomía, tradiciones y cultos.

Además se intercalan piezas originales con paneles informativos, vitrinas y expositivos reales de la pesca y el mar e incluso podemos aprender a cocinar platos típicos como el “atascaburras” a través de un panel virtual.

A orillas del Mediterráneo, a 50 kilómetros de Almería y a 70 de Granada, se fundó hace 3.000 años la ciudad más antigua de la provincia: Adra. Con una población que supera los 25.000 habitantes, ofrece al visitante un patrimonio arquitectónico envidiable, un litoral envidiado, una gastronomía con sabor a tierra y a mar y un festival de música que ha superado fronteras.

martes, 14 de diciembre de 2021

Historia de Amería

Período Antiguo: desde los fenicios hasta los visigodos

Almería es parte de la zona central de la Cultura arqueológica de Los Millares y la de El Argar, sucesora esta última, acabada hace unos 3.200 años, de aquella primera, de unos 5.500 años de antigüedad.

Las culturas de la Edad de los Metales mantuvieron contacto con civilizaciones de todo el Mediterráneo, prueba de ello son las colonias que pueblos como los fenicios fundaron años más tarde, en el siglo VIII a. C. Abdera (Adra) y Baria (Villaricos) fueron las más importantes, centros eminentemente comerciales y pesqueros que mantenían a su vez contactos con navegantes griegos. El control fenicio se convirtió en cartaginés cuando la civilización púnica se extendió por el SE peninsular, control que se extinguiría el año 209 a. C. con la II Guerra Púnica. De la época fenicia y cartaginesa se conservan numerosos restos, en Vera, Los Vélez y Dalías.

Almería cayó en las manos de Roma durante la campaña de Escipión el Africano contra los cartagineses. Los romanos la llamaron Portus Magnus, quedando la ciudad enclavada en la Hispania Ulterior. Plinio el Viejo la menciona en su obra; no en vano se convirtió en uno de los puertos más importantes del S de Hispania. Roma trajo la organización territorial, las vías de comunicación y los impuestos, y explotó sistemáticamente los recursos mineros del territorio, entre ellos el mármol de Macael. Se fortaleció el comercio, especialmente el del garum, sabrosa salsa de pescado y especias muy apreciada en la época y cuya fórmula exacta se desconoce aún hoy. En Adra y Torregarcía y en la capital, en el mismo Parque Nicolás Salmerón, se conservan salinas y factorías de salazón de esta época. Otros restos de gran importancia son el Dionisio de Chirivel, el sarcófago de Berja, el Daymún (templo funerario de época tardorromana) de El Ejido y el puente y restos de vía romana de Bayanna, a las afueras de la capital.

Almería fue ocupada más tarde por vándalos y visigodos. Tras un breve periodo de ocupación bizantina (el SE español fue el único territorio peninsular en su poder durante varios años), Suintila integra definitivamente a Almería en el reino visigodo el año 621 y expulsa a las fuerzas de Bizancio. En esos años, mantuvieron su importancia las antiguas poblaciones de Abdera, Urci y Baria.

Periodo Musulmán


Quedan pocos siglos para que Almería alcance su primer cénit histórico, político y socioeconómico. La gran historia de Almería comienza en efecto con la ocupación musulmana, iniciada el año 713 a manos fundamentalmente de poblaciones de origen bereber y árabe yemení, cuya más pronta aportación fue la remodelación sustancial del paisaje y método agrícola.

El origen último de Almería capital está en efecto en Pechina, pues poco después de su fundación se crearía un asentamiento costero y una atalaya, dependientes de aquélla, que recibirían el nombre de Al Mariyyat Bayyana. Para remontarse a su fundación, hay que decir que Bayyana, en el día de hoy el pueblo de Pechina situado en las orillas del río Andarax, era la capital de la Cora, teniendo su auge entre el siglo IX hasta mediados del siglo X. Tras el ataque Fatimí al arrabal de Bayyana, Abderramán III decide, en 955, amurallar el poblado primitivo de la ciudad,1​ La Medina, que se había formado alrededor de la atalaya, Bayyana - Almariyat (la atalaya que la importante República de Pechina tenía en la costa), y mandó edificar una fortaleza para defensa de la ciudad). Almería era una población total y radicalmente islámica. La Almería musulmana llegó a ser una ciudad grandiosa. Después de Córdoba, era la ciudad más influyente y próspera de la península y una de las más ricas de todo el orbe islámico. Con posterioridad, en el año 965, se construye una Mezquita Mayor como lugar de oración y recogimiento. El almirante de la flota, que residía en Almería, era de facto el segundo poder en la España de la época y tenía a su disposición un número de 300 naves que fondeaban en el puerto, el más importante del califato. Ibn Maymun fue el más grande de estos almirantes de Almería, al que Almanzor envenenó, envidioso de su poder.

El periodo musulmán se divide en dos fases, separadas por un breve periodo de ocupación cristiana, el decenio entre 1147 a 1157, en que los ejércitos de Alfonso VII ocuparon la ciudad y los alrededores. No obstante, aunque breves, estos diez años supusieron una ruptura insalvable en el crecimiento de la Almería musulmana. La primera fase destacable va así pues desde la fundación oficial de la ciudad en 955 hasta 1147, y la segunda desde 1157 a 1489.

Los antecedentes del periodo 955-1147 se encuentran en la fundación a principios del s. VIII de un asentamiento en lo que entonces eran los aledaños de la desembocadura del río Andarax, que en aquella época tenía su boca a la altura de lo que hoy es La Juaida. Se trataba de Bayyana, la actual Pechina. Su estratégica posición le permitió convertirse en un próspero centro de comercio que dio origen a la que se denominó República Marítima de Pechina. Y no sólo en lo material se enriqueció el bajo Andarax, también en lo espiritual. En efecto, Pechina fue cuna del más importante sufismo ibérico. Aquí emigraron los últimos discípulos del sufí cordobés Ibn Massarra: el almeriense Ibn Al Arif fundó la Escuela de Almería por la que discurrieron Ismail Al Rouayni de Córdoba (cuyo nombre, sorprendentemente, bautizó a la actual pedanía de El Ruini posiblemente porque vivió en ella), Abu Madyan y probablemente el más grande místico sufí de Al Andalus, el murciano Ibn Arabi. Demasiadas veces pasa desapercibida la importancia del movimiento sufí en Almería, que tanta importancia tuvo no sólo por su profundidad, sino por haber aportado muchas de las claves del misticismo cristiano posterior de, entre otros, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

Se ha escrito mucho sobre el origen del nombre de la ciudad y provincia. El movimiento indaliano, siempre tan idealista, pensaba que Al Mariyyat querría decir en árabe "Espejo del Mar", pero es mucho más probable que el topónimo provenga de la palabra "al miraya", "torre vigía". En efecto, Al Mariyyat funcionó como puerto y defensa de una Bayyana próspera y enriquecida, que se convertiría en uno de los centros comerciales más importantes de Al Andalus como ya dejó reflejado en sus crónicas Al Himyari.

Llegamos así a la fundación oficial de la ciudad en 955, año en que Abderramán III (o Abd-er-Rahman) ordenó iniciar las obras de una fortaleza, la Alcazaba, cuyo objetivo era defender el área de la amenaza que suponía el califato fatimí, oriundo de Túnez. La Alcazaba se convierte así en la fortaleza musulmana más grande de España y de Europa, con 43.000 metros cuadrados que le permitían albergar todo un destacamento militar de 20.000 hombres, los palacios de los sucesivos reyes e incluso lugares de resguardo para la población en caso de ataque. Más adelante será objeto de remodelaciones y ampliaciones por parte de reyes musulmanes y de los Reyes Católicos.

La desintegración del califato de Córdoba en el s. XI da lugar a los reinos de taifas, entre ellos el de Almería, que tendría su primer rey en Jairán (o Hayran), remodelador de la Alcazaba.

Almería ya es mucho más importante que Bayyana y se convierte en una ciudad de nueva planta califal, dotada de una mezquita mayor (la actual iglesia de San Juan, en ella se conservan hoy la qibla y el mihrab originales) y un activo puerto, que con los años sería el más importante puerto comercial de todo Al Andalus. En efecto, este siglo constituye el primer cénit histórico de Almería. Era entonces una ciudad amurallada, con un trazado urbanístico árabe clásico y tres barrios bien diferenciados: el barrio de Al Hawd (o el Aljibe), el de la Musalla y el principal, la Medina (por donde corre hoy la actual calle de la Almedina).

Reinó durante la segunda mitad del siglo Almotacén (o Al Mutasim) (1052-1091), el rey poeta, que enriqueció la corte con literatos y científicos. Se introdujeron avances en los sistemas de regadío; en la ciudad florecían los baños y las mezquitas y efervescía en el puerto el comercio de la seda, el aceite y la uva. Buena prueba de todo ello nos deja la obra de Al Idrisi.

1147. Primera Conquista de Almería

Dinar emitido en Almería bajo Alí ibn Yúsuf, en el siglo XII.
La taifa almeriense terminó con la invasión almorávide, pero la ciudad continuará siendo un auténtico emporio comercial muy codiciado por los cristianos. Es entonces cuando Alfonso VII decide tomar la ciudad con ayuda del rey de Pamplona García Ramírez, del príncipe de Aragón y conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, del señor de Montpellier Guillermo VII, de los caballeros del Temple de Castilla y Aragón, además contó con el decisivo apoyo naval de las repúblicas de Pisa y Génova (estos últimos dieron su gentilicio a la playa en que desembarcaron, en el Cabo de Gata)2​. Los ejércitos entraron en la ciudad el 17 de octubre de 1147. Como ya dijimos, fue un periodo efímero de ocupación (1147-1157), que sin embargo truncó totalmente el desarrollo de la capital y su territorio {Cita requerida}.

Almería volverá a ser musulmana con la toma de los almohades, pero jamás recobrará su antiguo esplendor. En el s. XIII, pasa a formar parte del reino nazarí de Granada, siendo gobernador Abbu-i-Abbas, quien intentó reconstruir la ciudad sin demasiado éxito. Fue en parte responsable de ello una sequía que comenzó el año 1227 y desestabilizó gravemente la agricultura y el comercio de toda la región.

De la época musulmana se conservan innumerables restos. A la Alcazaba y los restos de la mezquita mayor hay que sumar los aljibes de Jairán, que en una época abastecieron a la ciudad, y las murallas construidas por el mismo rey. También se conservan lienzos de la muralla del puerto y restos de la puerta de Pechina, en el subsuelo de la Rambla Obispo Orberá. No sólo ciudades florecieron en la Almería musulmana: se pueden encontrar diseminados por los Filabres, las Alpujarras y el valle del Almanzora numerosos baños, mezquitas y castillos.

En 1489 los Reyes Católicos conquistaron Almería, cuyas poblaciones en la mayoría de los casos capitularon pacíficamente, con la excepción de contadas rebeliones mudéjares.

Conquista cristiana y Edad Moderna
El siglo XVI es el siglo del retroceso y abandono de la ciudad y la provincia. Fueron varios los factores que influyeron en esto; en primer lugar, Almería estaba apartada de cualquier ruta comercial americana, y vio pasar de largo todas las riquezas provenientes de Nuevo Continente y la actividad que trajeron consigo. Por otro lado, se prodigaron en estos cien años tanto los terremotos como los ataques de los piratas berberiscos y turcos como Barbarroja (en el siglo siguiente, les sucederían los de la armada inglesa). Los primeros mermaron la población y los segundos la aterrorizaron y obligaron a desplazarse hacia el interior.

Especialmente funesto fue el seísmo de 1522, que destruyó la ciudad casi completamente y redujo la población a tan solo 700 habitantes que se asentaron en torno a la catedral de nueva construcción.

La Catedral de Almería es un gran ejemplo de edificio defensivo de la época. Fue levantado el primer templo catedralicio en 1496 bajo las órdenes del cardenal arzobispo de Toledo Pedro González de Mendoza sobre la antigua mezquita. El terremoto de 1522 la destruyó completamente y fue entonces cuando Fray Diego Fernández de Villalán, obispo de Almería, mandó construir el actual bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación. Su aspecto exterior le da clara apariencia militar; en efecto, se trata de una de las únicas catedrales-fortaleza de su clase en España: sólidos contrafuertes, torres albarranas, gruesos muros, escasez de vidrieras... Las tres naves son de igual altura, lo que proporciona una amplia azotea que sirvió para la instalación de cañones y la vigilancia militar. Solo la embellecen dos austeras portadas renacentistas de Juan de Orea, y en el muro que da a la calle del Cubo, el Sol de Portocarrero (otro de los símbolos de la ciudad que aunque se cree que hace referencia al obispo Portocarrero, del s. XVII, ya estaba esculpido desde los primeros tiempos de la catedral) No obstante, las bóvedas y la sacristía son espléndidas, góticas las primeras y renacentista la segunda. Contiene el templo obras de Alonso Cano, Murillo y Ribera, y un San Indalecio de Salzillo.

El santoral en Almería es rico en leyendas. El antedicho San Indalecio es el patrón de la ciudad y sus restos vinieron a descansar a Almería después de siglos en la abadía de San Juan de la Peña, en Huesca. San Indalecio fue uno de los Siete Varones Apostólicos, evangelizadores de Andalucía, quienes, según viejas tradiciones recogidas en escritos mozárabes, acompañaron a Santiago el Mayor en la evangelización del sur de España a mediados del s. I d. C. Entre ellos estaban también Tesifón, Torcuato, Segundo, Hesiquio, Cecilio y Eufrasio; todos ellos fueron obispos de poblaciones del S y SE español (entre ellas Berja y Abla) antes de la ocupación musulmana. Pero quizá lo más interesante fueron las afirmaciones que sobre ellos se encontraron inscritas en los famosos plomos del Sacromonte, documentos inscritos en ese metal y descubiertos en la abadía granadina en el s. XVI. En ellos se afirma, en un intento sincrético por parte de pensadores moriscos de unir islam y cristiandad, que todos ellos eran de origen árabe. Así, Indalecio se habría llamado, antes de su latinización, Ibn Al Mugira. Otro santo presente en Almería es San Valentín, cuyos restos se creen ocultos en algún lugar de la catedral, si bien este honor le es disputado por la iglesia de San Antón, en Madrid y la abadía de Terni, en Italia.

Los Moriscos

La segunda mitad del siglo XVI estuvo marcada en toda la provincia por el levantamiento y posterior expulsión de la población morisca. Los moriscos, extensa comunidad de religión y cultura musulmanas a la que se había permitido permanecer en la península previa conversión, veía sin embargo sus derechos y su dignidad continuamente negados desde la firma de las Capitulaciones. La población morisca era, a pesar de la incipiente repoblación cristiana, mayoritaria en amplias regiones de la provincia, como las Alpujarras y el alto Almanzora. Fue precisamente en la Alpujarra almeriense donde en 1568 se rebela el laujareño Abén Humeya (nacido Fernando de Válor y convertido al islam); la insurrección se propaga a toda la provincia y pronto Vera es conquistada y Cuevas de Almanzora atacada. En su retirada, Abén Humeya fundó en Purchena una competición para celebrar el nombramiento de la ciudad como cabeza del valle del Almanzora. Se trataba de unos juegos deportivos y culturales de innegable analogía con el olimpismo, que incluían la lucha, las carreras a pie y a caballo, el tiro y la poesía y que han sido recuperados hoy día, recibiendo el elogio de, entre otros, Juan Antonio Samaranch y el Comité Olímpico Internacional. Vuelve más adelante Abén Humeya a Laujar donde crea una casa real con vocación dinástica (ya había sido Laujar de Andarax asiento real con Boabdil a principios del siglo XVI), pero es asesinado, víctima de sus propios colaboradores en una oscura intriga palaciega. Poco a poco la resistencia morisca se desvanece. Prueba de que había sido enormemente dura es que Felipe II decidiera enviar al mejor y más temido de sus militares, Juan de Austria, quien pronto acaba con el breve reino morisco. Se reemprende así la expulsión de la población musulmana, que culminará con Felipe III.

Uno de los episodios más sangrientos de la represión contra los moriscos tuvo lugar en Níjar, y constituyó lo que se convino en llamar el negocio de Inox. En las revueltas de la Navidad de 1569, cientos de familias moriscas acudieron a refugiarse al castillo morisco del peñón de Inox, cercano a Níjar. Informados los cristianos, reunieron un improvisado ejército de mercenarios que se adueñó fácilmente de la fortaleza, haciéndose de una vez con más de 3.000 esclavos, mujeres y niños, e incontables botines. A este negocio se debe el nombre de la cortijada actual cercana, La Matanza, en cuyos aledaños pueden encontrarse aun semiderruidos entre la maleza los muros de la antigua mezquita de Inox.

La matanza y expulsión de los moriscos fueron un duro golpe que sumió a la provincia en la época más oscura de su historia, el siglo XVII. En efecto, marcharon los que habían enseñado a los cristianos el cultivo del moral, el tejido de la seda, las técnicas de regadío y la carpintería. Quedó la provincia desierta de Níjar a Mojácar y la población de la capital se redujo a 7.000 habitantes. Los intentos de repoblación cristiana fueron inútiles y los terremotos y ataques piratas berberiscos e ingleses mantuvieron a la provincia ensombrecida durante los siguientes 100 años.

No podemos pasar página y siglo sin mencionar al otro gran morisco almeriense, Yuder Pachá. Personaje insólito, nacido en Cuevas de Almanzora como Diego de Guevara, fue capturado junto a otros 300 muchachos y llevado al palacio del sultán Al Malek de Marruecos en Marrakech, en la época una próspera y fascinante capital que acogió a pueblos enteros de moriscos exiliados (entre ellos Tabernas). Allí Yuder Pachá fue avanzando en el escalafón social y militar, sobresalió en la batalla de los Tres Reyes contra Portugal y recibió por fin el encargo del sultán Al Mansur de crear un gran imperio en el África Occidental. Así, partió en 1590 con 4000 hombres y 4 cañones andalusíes, atravesó el desierto y derrotó a los askia, adueñándose de Tombuctú, capital del mítico Imperio Songhai, el actual Mali. Se estableció así en la Curva del Níger una insólita comunidad andalusí, de costumbres y lengua castellana, que mantuvo su poder hasta 1737 y su preeminencia social y cultural hasta la primera mitad del siglo XIX, cuando fueron conquistados definitivamente por la etnia peul. No obstante, los "arma" (los andalusíes descendientes de Yuder y los moriscos, así llamados por portar nunca vistas armas de fuego), continuaron desempeñando un relevante papel en la política regional y participaron activamente en los procesos de independencia de Malí. Aún hoy se aferran a su origen andaluz, utilizan palabras castellanas y recuerdan al conquistador que fundó su dinastía, un cuevano, Yuder Pachá.

Siglos XVII y XVIII

Los siglos XVII y XVIII son quizá los más desconocidos de la historia almeriense.

El siglo XVII se inicia, como dijimos, con una despoblación galopante, a la que hay que sumar terremotos, sequías y una costa bajo constante amenaza pirata. La repoblación cristiana, proveniente sobre todo de Jaén, Granada, Castilla-La Mancha, Levante y Aragón es insuficiente y no logra repuntar la demografía de la ciudad ni la provincia. Las malas comunicaciones y el aislamiento siguen siendo los mismos de siglos.

A pesar de todo ello, La actividad minera es impulsada con las explotaciones de hierro en los Filabres, plomo en Gádor y mármol en Macael. La contrapartida son las consiguientes talas masivas en las sierras de Gádor y Almagrera, que iría agravándose durante los siglos siguientes y contribuiría de manera importante a deforestación que sufre hoy todo nuestro territorio (a esto se deben las talas y la sequedad atávica de la provincia, y no a la necesidad de madera para construir la Armada Invencible, como se suele contar en Almería).

Este aislamiento y las penosas condiciones contrastan no obstante con una actividad cultural y etnológica que nace para ir desarrollándose poco a poco durante este siglo y el siguiente, el XVIII. En efecto, muchas de las costumbres, tradiciones, juegos o vestimentas nacen durante estos 100 años.

En 1640 se edita el primer libro en Almería, a instancias del obispo José de la Cerda, lo que lentamente va abriendo el camino a nuevas iniciativas que vendrán con los ecos de la Ilustración. En el siglo XVIII, los gobernantes de la ciudad comienzan a preocuparse de recabar información veraz sobre demografía, trabajo y emigración y se crean agrupaciones culturales y sociales como la Sociedad Económica de Amigos del País de Vera, una de las más sobresalientes de Andalucía en la época.

En lo artístico cabe destacar la construcción en este siglo de dos templos de gran importancia en la provincia, la iglesia de la Encarnación en Vélez-Rubio y el Santuario del Saliente en Albox, a lo que se deberá sumar las numerosas imágenes religiosas del murciano Francisco Salzillo y del círculo de José de Mora, procedentes de Granada, que algunas se veneran hoy día en Semana Santa, como el Nazareno de Huércal-Óvera o el de Vélez-Rubio; mientras otros fueron quemados en la Guerra Civil, como el Nazareno del Convento de las Claras de Almería o la imagen de la Virgen de los Dolores de la Iglesia de Santiago, en la capital de la provincia. Con todo, el norte de la provincia goza quizá de mejor condición que el resto, debido a la exitosa repoblación y urbanización llevada a cabo por el marqués de Los Vélez.

El siglo XIX

El siglo XIX rubricó la lenta recuperación iniciada los dos siglos anteriores. Almería fue testigo de una segunda edad de plata, sobre todo a finales de la centuria, que tuvo su origen en la apertura comercial y la consolidación de la minería y la agricultura desde las primeras décadas de siglo.

La Guerra de Independencia no pasó de largo por Almería. Aunque su amenaza se veía lejana desde nuestra provincia, los franceses llegaron a ocuparla comandados por Goudinot, quien entró en la ciudad el 15 de marzo de 1810. Le ofrecieron resistencia los famosos guerrilleros Mena, Villalobos y Arostegui. En 1812, los franceses se retiran de Almería tras ser vencidos en Arapiles.

En 1814 vuelve Fernando VII al poder y con él el absolutismo y la derogación de las Cortes de Cádiz de 1812. En este contexto se dio otro de los más conocidos episodios históricos de la capital, la matanza de los "coloraos". Tuvo lugar en 1824, cuando un grupo de soldados provenientes de Gibraltar, a los que se les apodó los "coloraos" por el tono de sus casacas, desembarcó en Almería con ánimo de proclamar la Libertad y restituir la Constitución de 1812. Como anécdota, decir que estaban éstos relacionados con una sociedad secreta, la Santa Hermandad, de inspiración comunera. Al fracasar en su intento, 22 de ellos fueron fusilados por los absolutistas en la Rambla de Belén a la altura de la c/ Granada. Años más tarde, se levantó en su honor un monumento en la Plaza Vieja al que se le llamaba cariñosamente -y se le llama- el "pingurucho" y que fue también objeto de controversia: destruido en 1943, durante la dictadura militar, con motivo de la primera visita del general Franco a Almería, no se restituyó hasta 1987 a instancias de los grupos más progresistas de la ciudad, quienes también resucitaron el homenaje anual a los "coloraos" celebrado cada 24 de agosto.

Es también el siglo XIX el siglo de los avances geopolíticos, urbanísticos y de infraestructuras. Los liberales, una vez se hicieron con el gobierno de Madrid, promovieron una reestructuración administrativa del país de la que nacieron las actuales provincias. Fue gracias a las gestiones del Conde de Ofalia, desterrado a Almería, que nació de facto nuestra provincia y adquirió por decreto de 1834 personalidad administrativa propia , quedando desvinculada del viejo Reino de Granada.

La fisonomía de la ciudad sufrirá un cambio drástico en lo que se ha venido a llamar la evolución de ciudad conventual a ciudad burguesa. En efecto, Almería se derrama fuera de sus murallas, que terminan siendo derruidas casi completamente en 1855. Se urbanizan los amplios perímetros monásticos (huertas, campos), recién desamortizados, dando lugar a plazas como la de San Francisco (actual de San Pedro). Se dota a la ciudad de un sistema de alcantarillado y agua potable. Se trazan nuevas calles, se abre la nueva Puerta de Purchena, es encauzada la Rambla de Belén y el eje de la ciudad se desplaza de la c/ Real al novísimo Boulevard, de clara inspiración francesa, que tantos otros nombres recibiría antes de convertirse en el actual Paseo de Almería.

El lugar que ocupa la actual provincia de Almería es, en palabras del prestigioso historiador y arqueólogo Luis Siret, "un impresionante museo natural". Ello se explica, en principio, por las tres culturas neolíticas que se dan en el territorio de la provincia, hecho que es único en nuestro continente: la de Almería, la de Los Millares y la de El Argar, con su aportación a la cultura campaniforme y celta. En el periodo clásico, son muchas las poblaciones íberas y las colonias fenicias y cartaginesas que cobran importancia en Almería. Es destacable la importancia de varias poblaciones ya en la Roma clásica, como las de Urci (junto a Villaricos), Abdera (Adra), Murgi (El Ejido), Baria (Vera) o Tagilis (Tíjola). El puerto de la actual capital de Almería (Portus Magnus) ya era explotado y apreciado por los comerciantes del Lacio.

El puerto de Almería fue en el siglo X uno de los principales puertos de la base naval del Califato de Córdoba.

Con la muerte de Hixem II, se desmorona el Califato de Córdoba apareciendo los Reinos de Taifas en el siglo XI, en el que Almería se independiza bajo el mandato de Jairán. Sigue cobrando importancia, llegando a ser, como reino independiente, una de las taifas más prósperas. La ciudad tenía al menos quince puertas, que guardaban la entrada a una ciudad de cerca de un millón de metros cuadrados, laberíntica y abigarrada. De todas esas puertas, los contemporáneos destacaban por su belleza tres de ellas, que tenían un raro patio interior (en toda la España musulmana, sólo había dos ejemplos más de este tipo de puertas: una en Sevilla y otra en Granada). Llegó a contar con 10.000 telares, que creaban maravillosos tejidos de seda, entre los que destacaban un “tejido de Almería” que era exportado a casi todo el mundo árabe. Las crónicas medievales destacan la actividad comercial de la ciudad y de la prontitud con que los almerienses hacían frente a los pagos. No sólo los tejidos, sino esclavos (Pechina y Verdún eran los comercios de esclavos más grandes de toda Europa), orfebrería y mármol (se han encontrado lápidas funerarias de mármol de Macael hasta en Nigeria) eran su fuerte. El puerto almeriense era uno de los más importantes del Mediterráneo en época califal, de taifas y con los almorávides. Estos últimos dieron cobijo a piratas, convirtiendo al puerto no sólo en la envidia sino, también, en el terror de sus enemigos.

El investigador Florentino Castro Guisasola publicó en 1930 el libro El esplendor de Almería en el siglo XI. La Almería musulmana está presente en muchos textos medievales, como el Romance del Conde Arnaldo o Las Serranillas, del Marqués de Santillana. Los árabes también cantaron las magnificencias de la ciudad, como el sabio almeriense del siglo XIV, IbnJatima, en su libro Ventajas de Almería respecto a los otros países de España.

Lo que se ha venido llamando siglo de oro de la ciudad rozaba su cénit cuando el Papa Eugenio III convocó una cruzada contra la ciudad. Cristianos del sur de Europa se reunieron para acabar con la cruel Almería, como la llamaban los juglares de la época. En el sur de Francia, los romances comparaban Almería con una “piscina” que lavaría los pecados de aquellos que se unieran a la cruzada. El conde Ramón Berenguer de Barcelona, Alfonso VII de León, el rey García Ramírez IV de Navarra y Álava (nieto del Cid) o el gran duque Guillermo VI de Montpellier junto con genoveses y pisanos (que veían como una infranqueable competencia el emporio del puerto de la ciudad y que habían sufrido los ataques de su flota), se dieron cita ante las murallas de Almería. Cada uno traía entre sus huestes a lo más granado de la caballería europea, nombres protagonistas de romances medievales (como el conde de Astorga, Ramiro Flores de Guzmán, llamado la “Flor de las Flores” en el “Poema de Almería”, compuesto a raíz de la conquista). Tras una breve pero intensa resistencia, las murallas fueron asaltadas por doce puntos. Alfonso VII no quiso negociar paz alguna. De los habitantes de la ciudad, 10.000 pudieron huir milagrosamente hacia Murcia y 20.000 se refugiaron en la Alcazaba. De estos últimos, la mayoría de los varones fueron acuchillados. Alfonso VII, “el Sultancillo”, como le llamaban despreciativamente los almerienses, devastó Almería y destruyó sistemáticamente las industrias de la ciudad en 1147.

El botín fue repartido entre los soldados, si bien los nobles se llevaron la mejor parte. Los jefes genoveses se apropiaron del “Sacro Catino”, una gran fuente de esmeralda finamente tallada a seis puntas en la que, según la tradición, Jesucristo sirvió el cordero en la última cena. Alfonso VII se llevó partes de la gran mezquita, que depositó en el Monasterio de las Huelgas de Burgos, y ricos tejidos, con los que sería confeccionada la famosa casulla de San Juan de Ortega. El conde de Barcelona se llevó las espectaculares puertas de la Puerta de Pechina, forradas de cuero de buey y tachonadas con clavos de bronce, cuya última pista nos lleva a la capilla vieja de la Universidad de Barcelona.

Tras diez años de dominio castellano, hasta 1157, los almohades lograrían recuperar la ciudad e intentan devolverle su antiguo esplendor, sin conseguirlo. Los granadinos la hacen luego su puerto principal. Es destacable el asedio que volvió a sufrir en 1309 por parte de las tropas de Jaime II de Aragón, que no pudieron con la sólida resistencia almeriense. En esta época, Almería es el escenario de batallas, incursiones y razzias entre los cristianos de Murcia y los moros de Granada. Y en esta época probablemente tiene origen el dicho: Cuando Almería era Almería, Granada era su alquería.

Durante el siglo XV, las luchas por el trono del reino de Granada se irán sucediendo, proclamándose rey de Almería Abdalá El Zagal, reinado que durará poco tiempo porque el 26 de diciembre de 1489, los Reyes Católicos conquistan la ciudad y El Zagal les entrega las llaves de Almería.

Almería en época musulmana se dividía en tres barrios:

El núcleo primitivo fue La Medina.
El arrabal de Al-Hawd (El Aljibe), actuales barrios de La Chanca y Pescadería.
El arrabal de La Musalla que se extendía desde la actual calle de La Reina hasta la Rambla Obispo Orberá.
Al brusco deterioro de las prosperidad de Almería se añadió una sucesión de terremotos, dos de los cuales fueron terribles: el de 1518, que elimina para siempre la Vera musulmana, matando a todos sus habitantes, y el de 1522, que se dejó sentir hasta en las Azores, y que devastó Almería por completo, convirtiéndola casi en un solar y siendo la principal causa de la destrucción de la práctica totalidad de los edificios que los árabes habían levantado en ella, así como de la catedral antigua. Estos terremotos y la esquilmación demográfica hacen que apenas haya mención a Almería hasta la modernidad. Es en el siglo XIX cuando resurge su puerto debido a la extracción minera y la exportación de uva de Berja y Ohanes. Fue designada capital de la provincia homónima en la nueva reasignación de finales de este siglo.

Fuente: wikipedia

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